Opinión

Las ramificaciones del terrorismo internacional

Lunes 20 de julio de 2009
Indonesia ha sido el último lugar elegido por el terrorismo islámico para golpear de nuevo. La investigación de las explosiones en los hoteles Ritz y Marriot han desvelado que los dos terroristas suicidas estaban alojados allí antes de cometer los atentados. A nivel humano, sobrecoge el hecho de que alguien que convive durante días con personas de medio mundo que se alojan en un hotel por negocios o placer pueda atentar indiscriminadamente contra sus vidas, sin importarle a quién se lleva por delante. Ese es precisamente uno de los mayores riesgos del terrorismo islamista: su brutalidad y atrevimiento no conocen límites.


Nueva York, Londres, Madrid, Bombay o Yakarta, entre otras muchas ciudades, son un claro ejemplo de que el campo de operaciones de Al Qaeda y sus organizaciones afines (Yama Islamiya en el sudeste asiático y el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate en el Magreb) es el mundo entero. Atentando indiscriminadamente contra edificios de oficinas, trenes u hoteles pretenden imponer un estado de temor generalizado. Y conviene recordar que el epicentro del terrorismo islamista sigue estando en Afganistán y el nordeste de Pakistán, donde Al Qaeda aún conserva su centro de operaciones. Por eso es tan importante la batalla que se está librando en aquella zona. Es costosa en tiempo, recursos y sobre todo, en vidas humanas, pero es también imprescindible acabar con el fanatismo que amenaza la convivencia mundial. Por encima de consideraciones políticas, ha de primar la seguridad de la personas, estén donde estén. Eso es lo que debe contar.