Opinión

Florentino Pérez, discípulo de Guy Debord

Francisco Fuster | Jueves 23 de julio de 2009
A veces sucede en la vida que el más aventajado discípulo que un gran maestro llega a tener es aquel que nunca ha presumido de ser su alumno, aquel que, de hecho, nunca llega a confesar o reconocer tal magisterio. Esto sucede, o al menos así lo ve un servidor, en el caso de esa extraña pero indiscutible relación que une las teorías del filósofo francés Guy Debord sobre la “sociedad del espectáculo”, con las prácticas suntuosas del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez.

Admito de entrada la dificultad de imaginarse la estampa del presidente del Grupo ACS en el sillón su despacho ojeando un ejemplar de La Société du spectacle (1967). Dudo incluso que Florentino sea sabedor de la existencia de tal volumen. Sin embargo, las recientes imágenes de las multitudinarias y masivas presentaciones en el Estadio Santiago Bernabéu de los futbolistas Kaká y – sobre todo – Cristiano Ronaldo, constituyen un ejemplo irrefutable, un argumento a favor incontestable, para darle la razón a Debord cuando éste afirmaba por primera vez hace más de cuarenta años, que la vida de la sociedad moderna no se entiende si no es como una “inmensa acumulación de espectáculos”. Si el tránsito de lo moderno a lo posmoderno ha consistido – decía Debord – en la “degradación del ser en tener” y el “desplazamiento generalizado del tener en parecer”, podemos decir que Florentino Pérez ya es un presidente posmoderno de pleno derecho. Ha llegado a ser presidente del Real Madrid con el simple aval de su nombre (los rivales ni se han atrevido a presentarse), luego ha demostrado tener el dinero suficiente (que se lo pregunten a Milán y Manchester United) para devolver la ilusión perdida al madridismo y, por último, ha conseguido con esas presentaciones faraónicas, mostrar al mundo que el Real Madrid, además de ser un club grande y rico, también sabe cómo parecerlo.

La imagen de las 80.000 almas abarrotando el Bernabéu para ver a un chaval de 24 años en pantalones cortos dando toques a un balón, es una de esas imágenes que según Debord, convertidas en “seres reales”, actúan como “eficaces motivaciones de un comportamiento hipnótico”. Aunque Florentino (ni nadie de su Junta Directiva) no relacione una cosa con la otra, un fichaje mediático como el de C.Ronaldo, en el que tan importante es el rendimiento del futbolista en el campo, como el rendimiento de su nombre y su marca comercial en las tiendas de camisetas del orbe, es otro guiño a Debord y a su noción de espectáculo. “El espectáculo – afirmaba el francés – es el capital en un grado tal de acumulación que se ha convertido en imagen”. ¿Qué es, pues, la imagen de Ronaldo en con la camiseta del Real Madrid sino la expresión máxima de una acumulación de capital? ¿Qué es la blanca sonrisa de Kaká sino un ejemplo sublime del “fetichismo de la mercancía” marxista estudiado por Debord?

En resumen, que Florentino Pérez haya leído o no, a Guy Debord, a estas alturas del espectáculo – nunca mejor dicho – es irrelevante. Lo importante, por lo que tenía de impensable hace apenas mes y medio, cuando el autobús del F.C.Barcelona recorría las calles de la ciudad condal celebrando el triplete y en Madrid nadie osaba salir a la calle, es que Florentino Pérez, discípulo remoto de Debord, ha conseguido desplazar al Barcelona de las portadas de los medios deportivos y de información general de todo el mundo. La efímera gloria mediática del equipo que ha realizado el mejor fútbol en Europa durante la pasada temporada, ha sido engullida por la todopoderosa maquinaria de un Florentino que lo ha inundado todo, que lo ha ocupado todo. “El espectáculo – ya lo dijo el maestro Debord – es el momento en el cual la mercancía alcanza la ocupación total de la vida social”. Pues eso, que no pare la cosa.

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