Opinión

Crónica de Madrid en crisis

Ricardo Ruiz de la Serna | Viernes 24 de julio de 2009
Tengo un amigo que tiene un bar-restaurante, creo que ya se lo he contado. Bueno, casi estoy por decir que lo tenía porque corre riesgo de ser una víctima más de la parálisis del Gobierno para afrontar la crisis desde hace muchos meses.

Sería fácil decir que -como él no es un mal gestor de cajas de ahorros- nadie va a ayudarle con fondos públicos, pero lo evitaremos. Sin embargo, la verdad es que pintan bastos en el negocio de mi amigo. Necesita 18.000 € y hace dos trimestres que no paga a Hacienda porque no puede. Trata de pelear a brazo partido porque con cincuenta y tantos, mujer y cuatro hijos, y varios empleados la cosa no está para lanzarse a la aventura de empezar de nuevo. Se siente responsable de su gente y eso demuestra que es un buen empresario.

La verdad es que durante años el hombre ha pagado puntualmente las nóminas, las cotizaciones, los impuestos, las tasas, los cánones, las medidas necesarias para cumplir con sus obligaciones en materia de prevención de riesgos laborales, protección de datos en el trabajo y todas las demás formas que la Administración tiene de intervenir en la vida de los Administrados tutelando sus derechos quieran ellos o no.
Ahora ya no puede más. El inextricable sistema de rescate arbitrado por el Gobierno consistente en una financiación que nunca llega y en unas ayudas a los empresarios virtuales lo han llevado a la más desesperada de las situaciones.

Sus trabajadores no lo llevan mejor. Estarían dispuestos a seguir trabajando por menor salario e incluso a que sus cotizaciones a la seguridad social se redujesen, pero eso no frenaría la voracidad recaudatoria del fisco ni le daría el flujo financiero que necesita cualquier negocio.

Cuando voy a su local, me suelo sentar a leer el periódico porque es uno de esos sitios donde a uno –todavía- lo dejan tranquilo aunque lo vean solo. Mi amigo trabaja de sol a sol –literalmente- y ya no tiene ni para pipas.

Como él, son muchos –muchísimos- los pequeños y medianos empresarios que lo están pasando mal. De ellos, y no sólo de la casta sindical –que no es lo mismo que los trabajadores- debería ocuparse el Gobierno. En efecto, en España hay un mandarinato sindical que hace y deshace porque el Presidente se ha negado a gobernar y ha preferido reunir a los agentes sociales para hacerse una foto. Ahora, la foto ha salido movida.

Es justo que los sindicatos y las organizaciones empresariales intervengan en el diálogo social, pero éste no puede sustituir –con derecho de veto para los líderes sindicales- a la labor del Gobierno. Los sindicatos no representan a todos los trabajadores y, como organizaciones, tienen unos intereses que pueden coincidir o no con los de cada trabajador. Los empleados de mi amigo lo tienen muy claro: todos tienen que arrimar el hombro si quieren seguir viviendo –todos- de la empresa. Mi amigo jamás ha tenido un trabajador en precario. Todos han estado en regla desde el principio. Ha evitado incluso despidos disciplinarios más que justificados. Ahora, una vez más, intenta capear el temporal como tantos pequeños empresarios y autónomos que mendigan financiación como si no fuese parte del negocio bancario sino una labor caritativa.

El Presidente, sin embargo, ha dirigido la artillería contra los empresarios como si ellos fuesen el problema y no la solución; como si España pudiera prosperar siendo un país de subsidiados y subvencionados cíclicos. No; en España hay que racionalizar el gasto público y bajar los impuestos. Hoy nos hace falta intervención pública en las situaciones de necesidad, pero más aún nos hace falta dinamizar las energías empresariales de un país que viene padeciendo la inacción del Gobierno.

Mi amigo sigue sin tirar la toalla, pero últimamente lo veo muy venido abajo. Como la mayoría de ciudadanos, trata de ser cumplidor pero el Gobierno se lo está poniendo muy, muy difícil. A veces parece lamentarse de no haber administrado mal una caja de ahorros.

TEMAS RELACIONADOS: