Rafael Ortega | Domingo 26 de julio de 2009
Manuel Monteiro tendrá birrete, pese a quien pese. Tendrá por lo memos el birrete que le entregará el cardenal que sea nombrado Papa en un Cónclave futuro. Manuel Monteiro de Castro, recién nombrado Secretario de la Congregación de Obispos, también con gran pesar para muchos, será el encargado de escuchar la aceptación de la elección del nuevo Pontífice, quien como gesto de esa aceptación le entregará su birrete cardenalicio.
La tradición dice, y ya se sabe que la tradición es muy importante en la Iglesia, que el Secretario de la Congregación de Obispos que asiste a ese acto tan solemne y que recibe el birrete del que acaba de ser purpurado, es nombrado cardenal por el nuevo Papa en un futuro Consistorio. Eso va a suceder en el próximo con el hasta ahora Secretario de la importantísima Congregación, el arzobispo Francesco Monterisi, que ha sido nombrado Arcipreste de la Basílica de San Pablo Extramuros. Él recogió el birrete de Ratzinger en el Cónclave del 2005. Por eso decimos, que si no cambian los aires vaticanos para Monterero, éste tendrá primero el birrete del nuevo Papa y después el suyo.
Benedicto XVI es muy consciente de que es un hombre mayor y los últimos cambios, importantes cambios en el Curia, señalan que quiere afianzar la última parte de su Pontificado. Así ha sucedido con todos los Papas, que nos son proclives a cambios inmediatos a su elección y que prefieren que estos se hagan más tarde, cuando todo está más asentado.
Monteiro tiene y tendrá un papel fundamental en la Santa Sede y aparte de la “curiosidad” del birrete, tiene en sus manos los cambios de obispos de todas las sedes vacantes que se produzcan en el mundo. Él conoce muy bien a la Iglesia particular española y su actuación futura puede ser muy decisiva para esos cambios y sustituciones por edad, que han estado paradas más de la cuenta y no por su culpa, precisamente, como algunos intentan demostrar.
El nuevo Secretario de la Congregación de Obispos es un diplomático hábil y muy fino, con grandes conexiones políticas en España, en los dos partidos mayoritarios, y con amigos en ambos de los que el lector se sorprendería. Ha tenido que aguantar que le llamen “masón” con la aquiescencia de “algunos” y ha soportado presiones muy duras que ahora se verán aliviadas por su nuevo cargo. Y ya se sabe “todo lo que a Roma va, de Roma vuelve”, incluso las presiones.
Mientras tanto ya otros, empiezan a especular con el nombramiento del nuevo Nuncio. Nos consta que ya está prácticamente aceptado el “placet” del nuevo por parte del gobierno español y de su Ministro de Exteriores. En este “placet” ha tenido que ver también mucho Monteiro, para que le suceda un italiano, con lo que se volvería a la costumbre de la llegada de un Nuncio trasalpino, después de las experiencias del húngaro, Lajos Kadar, y del mismo Monteiro. Recordamos que el último italiano se llamaba Taglaferri, corta hierros, casi nada.
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