Javier Zamora Bonilla | Martes 28 de julio de 2009
Decíamos días atrás que uno de los proyectos ilusionantes que los políticos podían ofrecer a la sociedad española era que el Gobierno español jugase un papel importante en el impulso de una verdadera Federación europea que, desde el marco de la actual Unión, pero desbordándolo, realizase la ya varios siglos anhelada idea de unos Estados Unidos de Europa sobre una base sustancialmente política. La actual Unión, en la que “lo político” tiene ya un peso específico muy grande, sigue, no obstante, demasiado pegada a lo puramente económico, y Europa no conseguirá desarrollar todo el potencial que su sociedad tiene si no es capaz de cumplir ese sueño.
Aunque evidentemente los fundamentos políticos de la Federación tendrán que ser el liberalismo, la democracia y la solidaridad, no es necesario que el modelo sea estrictamente el mismo que el de las democracias liberales estatales. Si es conveniente, no obstante, que se evite la dualidad, a veces improductiva, de la Comisión y del Consejo, dando forma a un verdadero Gobierno europeo que garantice una mayor continuidad en las políticas y simbolice ante los ciudadanos a la Federación. Ese Gobierno debe salir del Parlamento, que, paralelamente, tiene que asumir mayores competencias legislativas. Los nacionalismos estrechos pondrán todas las piedras que puedan en el camino hacia estos objetivos, pero los mismos son ineludibles si de verdad queremos que Europa tenga un papel relevante en el mundo globalizado de este siglo XXI.
Existen algunas políticas concretas cuyo marco razonable es la Federación. Una de ellas es la de investigación. No tiene sentido que muchos proyectos que necesitan inversiones multimillonarias se atomicen en distintos grupos descoordinados, aunque tampoco es mala la competencia entre grupos y no siempre los macroproyectos son los que mejores resultados obtienen, pero es evidente que hay que racionalizar los recursos en investigaciones que necesitan emplear tecnologías costosas. Por otro lado --sin olvidarnos que ya hay muchos importantes proyectos en marcha--, también es necesario que Europa lidere algunos campos de la investigación mundial en áreas como la biología, la astronomía o la ingeniería, por citar algunos ejemplos. Sin olvidar nunca el fondo humanístico del saber europeo, que también debe fomentarse. Es clave, como ya hemos señalado en alguna otra ocasión, para el éxito de una Federación europea que se haga un esfuerzo por extender socialmente las líneas principales de la cultura del Viejo Continente desde Grecia hasta nuestros días, mostrando las corrientes convergentes y también las divergentes, las luces y las sombras de nuestra historia.
Otra política común es la de seguridad. Hay que preparar, con los mejores medios posibles, un auténtico ejército europeo, que sea un referente en los conflictos internacionales, principalmente como fuerzas de interposición y pacificación por medio de tropas de intervención rápida, pero sin eludir acciones bélicas si se hacen necesarias. Nadie desea la guerra, pero la historia ha demostrado que ésta acaba siendo, o algunos la acaban utilizando como un recurso de resolución de conflictos. La política de seguridad europea tiene que ser absolutamente pacífica, pero sin mojigaterías. El acuerdo con Rusia es en este punto fundamental. Este ejército europeo tiene que estar dotado de la mejor tecnología, para lo que se necesitarán fuertes inversiones en investigación.
En la política económica común es en la que más se ha avanzado y el euro como moneda única es un logro del que quizá no seamos aún suficientemente conscientes, pero en algunos aspectos de esta política también conviene que se acentúen para conseguir el objetivo de una verdadera Federación. Por ejemplo, y a la vista de la crisis financiera actual, todo lo que tiene que ver con los mecanismos de regulación del sector bancario y bursátil. Asimismo, convendría redirigir la Política Agraria Común hacia una agricultura de calidad centrada en productos en que Europa pueda ser verdaderamente competitiva frente al resto del mundo. E igualmente en la política industrial. Paralelamente se tiene que hacer un esfuerzo, aun mayor que el actual, para construir grandes infraestructuras de transporte.
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