Carlos Loring Rubio | Martes 28 de julio de 2009
Se extiende sin freno la sin razón de achacar a la Iglesia Católica las culpas de todo aquello que se enfrenta con los planteamientos radicales de izquierda. Sin duda este odio comprimido y azuzado por sus voceros, está enraizado en el rencor purulento guerracivilista que parece no tener vuelta de página. La izquierda parece desconocer que sus bases están enraizadas en los postulados de las antiguas comunidades cristianas, pero a diferencia del mensaje de perdón y amor al enemigo, la izquierda se encuentra más cómoda en los postulados frentistas, e incluso violentos, contra todo aquello que desafíe su verdad.
El cristianismo como religión de esclavos y borregos es el bálsamo de los que la atacan. Sin duda, está animadversión está basada en el desconocimiento de la doctrina cristiana. El miedo a lo desconocido, el miedo a no tener razón. Hace falta más valor para la paciencia que para la ira.
La Iglesia no es el aparato frio y calculador, que pretende derrocar los postulados marxistas, la iglesia estaba allí mucho antes de que naciera cualquier política visionaria comunista, anarquista o socialista, que han bebido de los Hechos de los Apóstoles para su inspiración. La Iglesia es el conjunto de los fieles que la forman. Atacarla supone atacar a cada uno de los miembros que la integran.
El moderno izquierdista, parece desconocer que sus postulados ya no son revolucionarios sino que están llenos de polvo. Pero, como gran heroicidad, al izquierdista contemporáneo sólo le queda atacar la doctrina católica. En frente sólo quedan atónitos ciudadanos de bien, que ven como son insultados y tratados como si formaran parte de una organización secretista o masónica, algo de lo que el izquierdista tiende a formar parte siempre.
El creer que la Iglesia es una organización que se articula a través de un complejo entramado, con un aparato propagandístico formidable, es desconocer por completo la fe cristiana y su forma de actuar.
Es de destacar que ha sido en el mundo cristiano donde han nacido las políticas sociales y donde se ha cuestionado a la religión. La iglesia católica jamás ha implantado una teocracia allí donde no fuera el suelo de su propia sede.
Debo añadir, que no estoy de acuerdo con ciertas de las prácticas que llevan a cabo algunos miembros de la Iglesia, no obstante, la Iglesia Católica ha tratado siempre de beneficiar al desposeído, ofreciendo servicios de atención, que el propio Estado no es capaz de cubrir.
Aclarar, por último, que a mí nadie me paga por exponer las ideas de las que trato en este artículo, y que más que parabienes me suponen inconvenientes, pero lo hago con la única intención de expresar, como creyente, lo que creo que debe ser dicho.
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