en 2006
Viernes 22 de febrero de 2008
Las emisiones humanas de CO2 son una pequeña parte del total, pero contribuyen al efecto invernadero, que al menos en parte contribuye al calentamiento global. Por eso la reducción del CO2 producido por el hombre, por su contribución indirecta al calentamiento, forma parte de la “agenda” de los gobiernos de los países más desarrollados.
El esquema más conocido para reducir las emisiones es el de Kioto. Consiste en un conjunto de instrumentos que quieren obtener esa reducción por medio de mandatos, regulaciones y racionamiento. Pero no es el único. Kioto ha sido muy criticado por el perverso efecto que provoca sobre el crecimiento y la creación de riqueza. Especialmente por parte de los países más pobres pero que están avanzando a grandes pasos, como China o India, entre otros. Las naciones ricas “se pueden permitir” el lujo de costearse Kioto, pero las más pobres mucho menos.
Por eso se ha propuesto otro esquema, el encabezado por Estados Unidos, y hecho suyo por el ASEAN, una coalición construida desde los países que comparten el Pacífico, en la que hay varios firmantes de Kioto, como Japón, y en la que están los mayores contribuyentes a la emisión de CO2, lo que no pasa con el protocolo de Kioto. Su estrategia para aminorar las emisiones no es la de los mandatos, la de frenar el crecimiento, sino por el contrario el de permitirlo. Eso sí, fomentando el desarrollo e implantación de tecnologías más limpias.
Los últimos datos parecen reveladores sobre cuál de las dos estrategias está resultando más efectiva. La Administración de Información sobre la Energía de los Estados Unidos ha hecho públicos los datos de las emisiones de Estados Unidos y Europa de CO2 en 2006. En aquél año ambos crecieron en las cercanías del 3 por ciento, por lo que son perfectamente comparables. Mientras que en Europa volvieron a crecer las emisiones, aunque un moderado 0,3 por ciento, en Estados Unidos cayeron un 1,8 por ciento.
Chris Horner, senior fellow del Competitive Enterprise Institute (CEI), ha precisado, no obstante, que “no es sólo en 2006 cuando hemos visto una disparidad” entre las dos áreas económicas. De hecho, “desde los últimos siete años para los que contamos con información, de 2000 a 2006, la tasa de crecimiento de los Estados Unidos ha sido de un tercio del 1 por ciento, comparado con más de un 1 por ciento”.
Con ello se produce una situación paradójica, y es que aunque las críticas cruzan el Atlántico siempre en el mismo sentido, De Europa a los Estados Unidos, a quien acusan de no sumarse a Kioto, es la propia Europa la que lo incumple mucho más que Estados Unidos.
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