Opinión

Busco trabajo

Ricardo Ruiz de la Serna | Viernes 31 de julio de 2009
El hombre debía de tener unos cuarenta y tantos. Delgado, pelo corto rubio pajizo, barba mal afeitada. El pantalón corto, la camiseta roja de tirante y las chancletas le daban aspecto de bañista sin piscina. Cargaba una mochila fluorescente que había conocido mejores tiempos: tenía el color de los rotuladores fosforito gastados. Hablaba una lengua eslava con voz de recién levantado, y en ella daba órdenes a un chaval de unos ocho años que lo seguía. Debía de ser su hijo; tal vez fuese que los pantalones cortos y las chanclas del chaval acentuaba el parecido. Ninguno de los dos estaba en la lista de ganadores de la España del pelotazo.

Parecía un currante de los que se pasaron diez años subidos al andamio. ¿Se acuerdan? Se ven muchos así y cada día siento más vergüenza de que en nuestra tierra se gaste tanto dinero público en chorradas en lugar de resolver problemas. Ahora bien, lo que me partió al alma fue el cartel de cartón que el padre llevaba atado a la mochila. Lo vi cuando entraron en el vagón y durante unos minutos no me lo pude quitar de la cabeza: busco trabajo.

Así estamos en España: millones buscan trabajo o bracean por mantenerlo mientras el Presidente ha preferido sustituir la tarea de gobernar por la charla con los empresarios y los mandarines del sindicalismo; los sindicalistas de verdad son otra cosa.. o deberían serlo. Que se lo pregunten a las víctimas que van dejando cuando deciden echarse al monte: siempre es fácil defender al trabajador cuando al paro se va otro y no uno mismo. Queriendo mantener la situación de algunos, lo están poniendo muy difícil para muchísimos.

En España, se está destruyendo empleo y los sindicatos culpan a los empresarios como si fueran las PYMES –la mayoría de las empresas españolas- las culpables de una crisis que entre todos crearon (¿dónde estaban los sindicatos cuando el crédito corría a raudales y muchos se endeudaron irresponsablemente?). Ahora, parece que la culpa es de los empresarios como si todos fuesen Madoff.
Mientras tanto, el otoño promete emociones fuertes. El plan E se ha agotado y fue pan para ayer y hambre para mucho tiempo. La construcción no repunta. Crear empresas y contratar es carísimo. Los impuestos siguen sirviendo para sostener un gasto público descontrolado pero ya no llegan. Algunos –no pocos- malos gestores de las empresas siguen tan campantes mientras son muchísimos empresarios honrados y autónomos los que están aguantando el tirón.

El hombre del Metro es un valiente. Alguien que sale con su hijo cargando un cartel que dice busco trabajo se merece algo mejor que un Gobierno como este y unos sindicatos como éstos.

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