Santiago Leiras | Jueves 06 de agosto de 2009
Para todos aquellos que iniciaron sus estudios de ciencia política durante la década de 1980 seguramente les resultará familiar la enumeración de lo que se consideraba como “cuestiones de la agenda democrática en América Latina”, en un contexto de instauración de los regímenes democráticos en la región; dichas cuestiones comprendían entre otras las problemáticas militar, de los derechos humanos, social, institucional, etc. También recordarán los conceptos en boga dentro de ese clima de época, como los de transición instauración y consolidación democrática entre los más destacados.
Una vez más en la Argentina se invoca el término transición, entendiendo que el mismo permite representar, de manera adecuada, el final de un ciclo (en este caso del matrimonio Kirchner) y el inicio de un nuevo e incierto proceso político a partir del 10 de diciembre del 2011, tratándose en este caso de un proceso ¿más? de alternancia política dentro del régimen democrático instaurado en 1983.
ESTA “nueva transición” trae aparejado afrontar las grandes cuestiones de ESTE tiempo político, pero ¿cuál sería la agenda de cuestiones que deberá encarar la oposición en sus diferentes expresiones? En primer lugar vamos a realizar una breve enumeración de los desafíos principales:
1. La oposición debe constituirse en garante (aunque no el único) de la gobernabilidad del sistema, a fin a de evitar un traumático final de ciclo en el 2011 que pueda incluso ser inducido por las actuales autoridades nacionales invocando el argumento de la imposibilidad de gobernar en un contexto de gobierno dividido, situación que quedará claramente de manifiesto a partir del 10 de diciembre próximo con la renovación de ambas cámaras legislativas.
2. Al mismo tiempo, se deberá configurar una alternativa política que procure evitar caer en la tentación, muy argentina por cierto, de “inaugurar un nuevo ciclo fundacional de la república” y en consecuencia de un rechazo global de las políticas llevadas a cabo durante el presente ciclo.
A partir de este delicado equilibrio entre la preservación de la gobernabilidad democrática y la conformación de una alternativa de cambio, serían estas algunas de las cuestiones (sin pretender con ello agotar la lista) que deberían ser encaradas por la oposición a fin de afrontar en forma exitosa los dos principales desafíos planteados:
1. En el plano institucional, reformular instituciones como el Consejo de la Magistratura, pero garantizando la continuidad en su composición de organismos del estado como por ejemplo la Corte Suprema de Justicia, de probada independencia en relación al poder político.
2. En el terreno militar, otorgar continuidad a los procesos iniciados contra miembros (o ex) de la fuerzas armadas vinculados a violaciones a los derechos humanos, preservando y fortaleciendo el papel de la justicia en dichos procesos, y enviando un claro mensaje a la fuerzas armadas en el sentido de que se trata de un juicio a miembros que han integrado en el pasado dichas fuerzas y no a las generaciones posteriores.
3. En el ámbito económico social, es necesario otorgar atención prioritaria a cuestiones como la pobreza y la desigualdad en la distribución del ingreso a través de iniciativas como un ingreso universal ciudadano o una política impositiva con base en el gravamen a la renta, en desmedro de opciones regresivas como el impuesto al valor agregado, el impuesto al cheque o las retenciones a las exportaciones. Todo ello en el marco de una cuidadosa reformulación de los ingresos y egresos fiscales que generan fuertes distorsiones como por ejemplo un generalizado esquema de subsidios al sector público y privado de elevado costo fiscal y escasos resultados en lo referente a la provisión de bienes públicos.
4. En el plano político, una reforma que aborde aspectos como la financiación de la vida política, la democratización de los partidos políticos, el establecimiento de nuevas formas de participación ciudadana etc.
5. En el ámbito internacional, y de manera particular en la región, es importante recuperar vínculos con actores estatales como Chile y Uruguay, fortalecer la relación con Brasil y despersonalizar la relación con países como Venezuela.
Se trata en definitiva de mantener un cuidadoso equilibrio entre la continuidad y el cambio.
TEMAS RELACIONADOS: