Opinión

Julián Lago y la búsqueda de la felicidad

Javier Cámara | Jueves 06 de agosto de 2009
A lo largo de sus vidas seguro que se han preguntado más de una vez si de verdad hacen lo que quieren. ¿Son libres? ¿Son realmente libres? De otra forma, ¿son felices?

La pregunta no es poca cosa porque, aunque la contestación se pueda circunscribir a un "si" o a un "no", o incluso a un "algunas veces", lo cierto es que habría tantas argumentaciones a sus respuestas como personas dispuestas a pararse a pensar un minuto si de verdad están haciendo en esta vida aquello que siempre –dentro de los límites de cada individuo– han soñado que querían hacer.

La muerte de Julián Lago ha sido uno de esos acontecimientos que sin saber por qué ha llegado hasta esa "fibra sensible" que todos, a mayor o menor profundidad, tenemos y me ha hecho reflexionar sobre algunos de los sentidos de la vida. No tenía el gusto de conocerle, pero su vida de periodista –he aquí posiblemente el motivo de mi disertación– y su muerte de persona que se entrega a los demás me ha hecho rumiar pensamientos que no me venían a la cabeza desde la época del bachillerato. ¿De verdad quiero dedicarme a esto? ¿Así seré feliz?

Me gusta el periodismo. Sé que es lo que quiero hacer. Afortunadamente, estoy rodeado de buenos periodistas, de esos que podemos llamar "de raza", pero… (¡Ay ese "pero" tan español que utilizamos para contraponer un concepto a otro!) ¿Quién nos dice de verdad que vamos a seguir toda la vida ejerciendo la profesión para la que nos hemos preparado?

Julián Lago estuvo 40 años ejerciendo el periodismo alcanzando el éxito, obtuvo el reconocimiento de sus compañeros y tocó casi todos "los palos" de esta profesión (prensa, radio y televisión), pero –otra vez esta dichosa conjunción– se cansó, vio la luz, un buen día dijo "hasta aquí", no le encontró sentido a lo que hacía y decidió cortar por lo sano. Él mismo, durante la presentación de un libro "casi memorias" dijo que había vivido demasiado "la esquizofrenia de representar un papel". Su hermano, quizás, fue más claro:"Le decepcionó su oficio y le asqueó tanta mentira".

Dentro de su particular búsqueda de la felicidad Julián Lago dijo que se encontraba en una "búsqueda permanente del amor", aunque añadía con tristeza que "esto es como una traca, un gran resplandor y luego sólo queda el olor a pólvora". La felicidad, como el amor, como casi todo, no es constante en nuestro paso por este reportaje de nuestra vida. La banda sonora a veces es lenta, otras frenética y muchas veces de auténtico terror. Sin embargo, también hay momentos para las baladas y la paz.

Y digo yo: ¿De verdad hace usted lo necesario para ser feliz? ¿Se ha parado un momento a pensarlo? ¿Cambiaría la seguridad y hasta el bienestar de su vida por buscar la felicidad? ¿Lo arriesgaría usted todo?

Julián sí, lo dejó todo y se fue a trabajar a Paraguay para apoyar a una comunidad indígena. Allí, ayudó, compró ganado para familias de una zona rural, tenía proyectos de alfabetización y todo eso le hacía feliz, pero las graves heridas en la cabeza al ser atropellado por un motorista en una remota ciudad pusieron fin a seis meses de su nueva vida. "Shit Happens!". La vida tiene estas cosas.

En Paraguay, Julián al fin fue feliz, como imagino que lo fue también otro gran hombre como Vicente Ferrer, y de eso se trata. Tiene mi admiración. Buscó la felicidad y la encontró. ¿No es lo que buscamos todos? Que cada uno elija su camino.

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