José María García-Luján | Sábado 23 de febrero de 2008
El momento de las elecciones es aquel, cada cuatro años, en el que el ciudadano tiene que cumplir con su parte del trabajo en la "cosa pública" y trabajar mediante la emisión del voto.
En circunstancias de zozobra económica y de revisión social como las actuales, este trabajo tiene un plus añadido de responsabilidad, casi diría de peligrosidad.
Los viejos y efectivos mensajes asociados a colores y a clases sociales no tienen hoy cabida. La realidad es que en España no existen las clases sociales o, mejor dicho, existe una única clase social media que es la de todos. Esto no significa que no haya clases económicas que de éstas sí que hay, y bastantes, pero socialmente nadie es más o menos y no se tienen más o menos derechos.
Lo triste es que sigue habiendo quién apela a este convencionalismo trasnochado y le da resultados.
Quiero llegar con esto a que lo único realmente relevante para el colectivo es la forma de presentar las propuestas económicas. En todo lo demás hay un consenso (se admita o no) del 90% de la población: seguridad, inmigración, educación, sanidad, ecología, etc., etc.
Pero las propuestas económicas y el nivel de confianza que éstas generan son clave de unas elecciones en mitad del punto de inflexión de un ciclo económico.
Ya lo dicen los sabios de los pueblos: "La economía es algo tan serio que habría que quitárselo a los políticos".
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