Opinión

Vacaciones de Rajoy y declaraciones de Rubalcaba

Martes 11 de agosto de 2009
El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, daba ayer cuenta de los últimos detalles relativos a los atentados de Palma, a la vez que salía al paso de los rumores sobre una eventual participación de Batasuna en la próxima cita electoral. Al mismo tiempo, reconocía Rubalcaba la desmesura con que fueron tratados los militantes populares de Palma que acudieron esposados a declarar, anunciando que se abrirá una investigación al respecto. Dijo más cosas el ministro, porque muchos eran los asuntos que reclamaban la atención de la opinión pública, pero se quedó corto al lado del repaso de la actualidad que, a rebufo de la anterior comparecencia, hizo Mariano Rajoy.


Las escuchas a miembros de su partido, el trato vejatorio de los militantes de Palma, la marcha de la crisis o la rehabilitación de Camps son temas de suficiente enjundia como para que el líder popular hubiese tenido algo más de presencia pública. Bien está delegar y lejos de nuestro propósito amargarle las vacaciones al señor Rajoy: pero hay cargos que comportan una especial responsabilidad y el de líder de la oposición de uno de ellos.


El desliz freudiano cometido por la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, al anunciar ella, en lugar del Fiscal General del Estado, la presentación de un recurso de casación ante el sobreseimiento de Camps, alimenta las sospechas –que, de hace tiempo, se suman a una serie copiosa de excesivas coincidencias y filtraciones perfectamente medidas en tiempo y espacio- de que determinados dirigentes del PSOE se sirven, cuando pueden, de instituciones y funcionarios del Estado para erosionar a sus rivales políticos. Algo tan grave, fue ventilado por “los segundos”, Cospedal y Trillo, ya que el jefe estaba de vacaciones. Algo parecido puede afirmarse del resto de cuestiones de actualidad aún candentes, que este verano han sido muchas. En todo caso, si Rajoy pretende presentar una alternativa de gobierno sólida y creíble, tiene la obligación de dejar el “chiringuito” –en eso tiene razón el señor Rubalcaba- y ser el primero en pronunciarse en un asunto tan grave como el posible abuso de poder del Ejecutivo.