Martes 11 de agosto de 2009
La III Reunión de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), celebrada este lunes en Quito, culminó con la nada sorpresiva condena al golpe de estado en Honduras contra Manuel Zelaya y el debate, abierto y sin consenso, sobre la cesión de bases colombianas al Ejército estadounidense. De nuevo una cumbre latinoamericana transcurre sin pena ni gloria. El encuentro de Unasur supuso más una pantomima para la segunda investidura de Correa como jefe de Estado de Ecuador ,- evento que coincidió con adjudicación de la presidencia pro témpore de este país suramericano en el citado organismo regional-,que un valioso instrumento diplomático para abordar concienzudamente una serie de temas que afectan directamente la estabilidad política de la comunidad de naciones iberoamericanas.
La cumbre fue una verdadera “Feria de las vanidades” de protocolo y buenas maneras, que se vio marcada por la ausencia del presidente colombiano, Álvaro Uribe, las consigas de guerra de Hugo Chávez y las dudas de muchos especialistas internacionales que se preguntan por qué Ecuador, que arrastra el handicap de poseer presuntos nexos con las FARC, heredó la jefatura del organismo hemisférico. Habrá que ver si los líderes suramericanos le toman la palabra a la mandataria argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y se vuelve a convocar un pleno en el país austral, para discutir seriamente de los temas que afectan a la región. Una reunión que no debería limitarse exclusivamente al acuerdo militar entre Washington y Bogotá, sino al cada vez más evidente tándem Correa-FARC/Chávez-FARC, a fin de que Unasur, pueda comenzar a actuar como la organización internacional que dice ser, y no como un vulgar andamiaje de ese teatro de lo absurdo en que se está convirtiendo la “integración latinoamericana”.