Madrid no duerme. Su actividad es frenética tanto a las diez de la mañana como a las diez de la noche o las cuatro de la madrugada. Los españoles comen a las tres, cenan a las nueve, no duermen al menos hasta las doce de la noche. Para muchos extranjeros, ahí radica el encanto de la forma de vivir en España aunque habría que preguntarles si les gustaría a ellos organizar su tiempo así para siempre. Muchos inconvenientes surgen de esta “organización” del tiempo: pocas horas de sueño, dificultad para conciliación laboral y familiar, baja productividad… Conseguir el equilibrio no es fácil pero tampoco utópico. Por Blanca de Ugarte
A las seis de la mañana suena el despertador en Bruselas; en Madrid, a las ocho. A las doce, tras cuatro horas y media de trabajo, el parisino se marcha a comer y a hacer unos recados. Con una hora le basta. Mientras, en Sevilla, los bares sirven café y tostadas. A las tres, una recepcionista en Valencia recibe una llamada de Franckurt, el jefe no se puede poner, está comiendo y no regresará hasta la cinco de la tarde. Mejor llamará al día siguiente. A las cinco el alemán termina de trabajar. Tres horas más de trabajo por la tarde y, si el jefe se queda, el empleado también, “no vaya a ser que me mire mal”. A las nueve, con suerte, cena en familia y de diez a una, tele.
Poco tiempo para hablar con la pareja y los hijos, mucho y mal aprovechado en el trabajo y nulo para hacer deporte y otras ocupaciones entre semana. Si se ha quedado con los amigos a cenar a las diez y media de la noche, al día siguiente cansancio y sueño. Ha habido diversión pero poco tiempo para dormir.
En España no siempre ha sido así
Esta manera de vivir identifica a los españoles pero no siempre ha sido así. Según el sociólogo
Amando de Miguel, fue en el Madrid de los años 30 cuando los bohemios de la época comenzaron a retrasar su horario. La electricidad permitía disfrutar de la noche y al día siguiente se levantarían un poco más tarde. La costumbre se fue extendiendo al resto de la Península, aunque en la sociedad industrial de Barcelona y en San Sebastián encontró alguna reticencia. Es por eso, explica el experto, que en la ciudad condal “podemos ser invitados a comer a la una y media de la tarde cuando en Madrid sería impensable”.
Muchos estudios afirman que en España se dedica más tiempo al trabajo pero, sin embargo, se produce menos que en el resto de los países europeos. El cansancio por la escasez de horas de sueño, la cultura de presencia en el trabajo, la dificultad de coordinación con los socios comunitarios y el desaprovechamiento del tiempo son algunas de las razones de la baja productividad, el alto índice de accidentes laborales y, en el caso de los niños, del fracaso escolar. La impuntualidad es otro problema, indica de Miguel. Las reuniones comienzan al menos un cuarto de hora más tarde de lo previsto y, al no tener hora de finalización concretada, se retrasan más todavía.
“Una vida muy laxa e informal tiene su encanto pero también importantes inconvenientes”, continúa. Es cierto que parece más natural levantarse tarde pero, a la hora de la verdad retrasar, las actividades diarias supone reducir el tiempo para uno mismo y para su descanso.
En 2003, se constituyó la
Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, integrada por importantes figuras de la política y de la sociedad civil, con el fin de liderar una revolución silenciosa que lleve a la sociedad española a aprovechar las 24 horas del día para así conciliar la vida personal, familiar y laboral.
Las tres ochos
Su presidente,
Ignacio Buqueras i Bach, explica que para alcanzar este equilibrio vital la persona debe de ser capaz de distribuir racionalmente su tiempo. “Cada minuto es irrecuperable y, por lo tanto, hay que aprovechar y disfrutar de las 24 horas del día”. Por ello, Buqueras y la organización que preside apuestan por la regla de las tres ochos: ocho horas para trabajar, ocho para la vida personal y familiar y ocho para descansar.
La Comisión Nacional dio a conocer recientemente un decálogo para lograr una mejor gestión del tiempo.
Decálogo para una mejor gestión del tiempo.
Una organización de la vida que no implica acabar con la alegría de vivir de los españoles. Según Amando de Miguel, no hay que ser demasiado estricto en la fijación de nuestra agenda pero tampoco es bueno tener una “agenda líquida con la que no sabemos qué vamos a hacer mañana mismo”. Podemos disfrutar más de la vida si la organizamos bien.