Opinión

Fernández- Kirchner, el dúo millonario

Domingo 16 de agosto de 2009
La dupla conformada por la mandataria argentina Cristina Fernández y su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, ha sido en los últimos días el foco de las críticas de una parte muy importante de la opinión pública del país austral. La razón es que, actualmente, la pareja presidencial está siendo investigada por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, debido a que en el último año, su patrimonio ha experimentado un jugoso incremento del 158 por ciento. Un aumento que se atribuye a las millonarias ganancias reportadas por la venta de terrenos e inmuebles propiedad del matrimonio.


Desde 2008 los rumores sobre presuntos actos de corrupción llevados a cabo por los Kirchner han sonado tanto en los medios de comunicación argentinos, como en los pasillos de las oficinas de gobierno y en las sedes de los partidos de oposición como Coalición Cívica, que en julio del año pasado denunciaron el sustancioso volumen de liquidez que han ido acumulando las cuentas bancarias de la pareja desde que está en el poder. Y es que los Fernández-Kirchner han demostrado tener más dotes para los negocios de bienes raíces, que para gobernar.

Según el expediente que actualmente está investigando el magistrado federal, Norberto Oyarbide, los Kirchner ostentan un patrimonio de 28 bienes inmuebles por valor de 3,8 millones de dólares, cuatro empresas por 4,8 millones de dólares, depósitos bancarios por 8,4 millones de dólares, y 6.578 dólares en efectivo. Una jugosa cuenta de ahorros que se suma al pujante negocio hotelero que está desarrollando el dúo presidencial en la turística villa de El Calafate, próxima al Parque Nacional Los Glaciares,situado en la Patagonia argentina. Precisamente en esta región, el matrimonio realizó el año pasado una millonaria venta de un terreno por 1,6 millones de dólares. El mismo que adquirieron hace dos años por el precio de 34.750 dólares.

De demostrarse que los Fernández-Kirchner han incurrido en actividades ilícitas para enriquecerse, no sólo estaríamos ante el clásico caso de corrupción que tanto se ha visto y contado en países de Iberoamérica, África o Europa del Este, por citar algunos ejemplos, sino frente a uno de los principales males que obstaculizan el desarrollo de los estados que presentan los peores índices de pobreza y calidad de vida en el mundo: la hipocresía de sus gobernantes. Los mismos que por un lado no dejan de llenarse la boca con discursos sobre políticas sociales, de medidas anti crisis y de promesas de un futuro mejor, mientras sus bolsillos se desbordan de dinero.

Visto con cierta perspectiva, el problema no es otro que el de una falta de separación e independencia de poderes. El antídoto no consiste en procesar a mandatarios cuando estos han perdido las elecciones –como ocurre en el caso de los Kirchner- en una especie de juicio de residencia, al estilo de los antiguos virreyes. El tema empezará a cambiar cuando los políticos latinoamericanos sepan que les pueden procesar y encarcelar cuando todavía están en el poder.

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