Opinión

Gibraltar: acuerdos pero con reciprocidad

Domingo 16 de agosto de 2009
El portavoz de asuntos exteriores del Partido Popular en el Congreso, Gustavo de Arístegui, denunció que las autoridades de Gibraltar invaden con embarcaciones las aguas territoriales españolas, con la anuencia del Reino Unido. Asimismo, declaró que el relleno que se lleva a cabo en el puerto para su ampliación podría contener material contaminante. Al condenar la actitud de Gibraltar, mencionó que los tratados de más de trescientos años están siendo afectados por dicho comportamiento.

Lo declarado por de Arístegui es una verdad que no puede ocultarse. Gibraltar se expande en aguas españolas, e incluso al parecer parte del material utilizado proviene de canteras españolas, violando la soberanía de España y los acuerdos. El Tratado de Utrecht sobre los límites de Gibraltar no se ha aplicado del todo por parte de las autoridades gibraltareñas contando con el respaldo británico, al ir tomando poco a poco más terreno, justificándolo a veces por razones sanitarias (como en el caso del terreno robado para el aeropuerto) o de otra índole. Sin embargo, no sólo la disputa tiene que ver con un tratado de trescientos años, sino que existen otros acuerdos y resoluciones que no se han cumplido, como la resolución del Comité de los 24 de Naciones Unidas que establece que Gibraltar es un territorio colonial que debe dejar de serlo. De acuerdo al viejo Tratado, no es posible la autodeterminación del lugar, y en caso de que el Reino Unido no asumiera la soberanía, sólo España podría hacerlo.

Sin embargo, los conflictos con Gibraltar van más allá de cuestiones de soberanía. El Peñón se ha convertido también en un paraíso fiscal, refugio de delincuentes que buscan blanquear el dinero obtenido por medios ilícitos, y una guarida para el contrabando. Su actitud no sólo afecta en este caso a España, sino a toda Europa y al combate global contra las organizaciones criminales y aquellos que las apoyan y ayudan.

Una política de enfrentamiento no es lo deseable. Y el Ministro Moratinos afirma, con cierta razón, que a nada positivo ha conducido. Ciertamente, una política de acuerdos siempre es preferible. Pero a condición de que exista reciprocidad. No es posible mantener una diplomacia de negociación si una de las partes no cumple con lo acordado. El gobierno español debe reafirmar los principios que se han mantenido durante tres siglos con respecto a Gibraltar. El diálogo con Gran Bretaña sobre este tema es complicado, pero España debe tener una postura firme y no permitir que la violación de acuerdos continúe. La cooperación sólo es posible cuando existe buena voluntad, y en el caso de Gibraltar no parece haberla. Quizá, la verja física, o al menos la política deberá cerrarse hasta que las condiciones de respeto mutuo prevalezcan.

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