Opinión

Las causas de nuestro retraso en la recuperación

Martes 18 de agosto de 2009
Recientemente, Reserva Federal y Banco Central Europeo han coincidido, con apenas doce horas de diferencia, en emitir el mismo mensaje: estamos en el inicio de la recuperación económica. Seguiremos teniendo dificultades durante un tiempo pero, al menos, si observamos el futuro, podremos hacerlo mirando hacia arriba, en lugar de hacia abajo como hasta ahora. –aunque, visto desde una perspectiva histórica, puedan encontrarse argumentos para mostrar cierto escepticismo al respecto.

En cualquier caso, los últimos datos procedentes de Alemania y Francia, en Europa, y de Japón, en el extremo oriental de Asia, indican que hay países que han vuelto al crecimiento, después de varios trimestres de disminución del PIB. La palabra recesión, tan temida por técnicos, políticos y el público consumidor de noticias de prensa, queda para los anales de la historia. El paro y los desequilibrios siguen atenazando aquellas economías, pero ya no todos los datos son negativos y, al menos, se comprueba que esos países tienen la capacidad de volver a crecer.

No es ese el caso de España, por desgracia. Los distintos organismos de análisis económico apuntan a que mantendremos un crecimiento negativo hasta algún punto, aún sin determinar, de la segunda mitad de 2010. Volver al signo positivo tampoco es de mucha ayuda, si ese crecimiento resulta escuálido e incapaz de crear empleo, como asimismo prevén los expertos. Un informe elaborado por el ISESE indica que 2011 será, todavía, un año con graves problemas. Y eso que, para entonces, se prevé una recuperación franca, aunque no completa, del crecimiento mundial. Nuestros vecinos, nuestros clientes, se recuperan, mientras que nosotros perdemos ese tren y sólo podremos reengancharnos cuando hayamos dejado pasar varias estaciones.

La cuestión ahora, es saber cuáles son las razones de ese paso cansino y rezagado de la economía española, hasta hace pocos años un ejemplo de actividad y dinamismo. Por un lado, las causas de la crisis, que son las causas de los desequilibrios previos a la misma, golpearon a nuestro país con especial encono. Los tipos de interés sobre el euro eran demasiado bajos para la economía europea, en general, y especialmente para la española, donde el crédito creció a ritmos vertiginosos. Ese crédito inflado y descontrolado llevó a los excesos en la construcción y en la industria que ahora estamos purgando.

Pero hay todavía un segundo motivo para nuestra tardía recuperación. La crisis económica es, en realidad, el inicio de la recuperación. Esto es así porque la crisis consiste en el proceso de liquidación de todos los malos proyectos, de los que se iniciaron indebidamente al calor de tanto crédito sin respaldo de auténtico ahorro. Por eso la crisis es una vuelta al fundamento de las cosas. Pero esa liquidación deja muchos recursos sin utilizarse. Gran parte del equipo capital pierde su valor, dado el carácter heterogéneo y complementario del mismo. De modo tal que, el trabajo, que también se queda liberado en la liquidación de los proyectos insostenibles, tiene más capacidad de recolocarse y volver a ser utilizado plenamente.

Sin embargo, en España, esa transición tiene unas trabas enormes, de las más altas del mundo. El mercado de trabajo es rígido e impide a trabajadores y empresarios alcanzar los contratos que ambas partes desean y que, de producirse, nos permitirían a todos una recuperación más pronta y menos costosa. El Gobierno ha tomado la decisión de mantener el statu quo, a pesar de los graves costes infligidos a nuestra sociedad. Esta causa de nuestro desenganche podíamos resolverla a través de un consenso político fundamentado en las buenas razones expuestas cientos de veces dentro y fuera de nuestro país. Pero nuestro sistema político no parece tener la flexibilidad necesaria.

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