Mariana Urquijo Reguera | Domingo 23 de agosto de 2009
Dicen que cuando te estás insolando en medio del desierto y ya empiezas a desesperarte, se producen unas alucinaciones: espejismos con las imágenes de lo que te gustaría estar viendo en vez de la pura realidad, el oasis en vez del desierto.
En este verano insolado, como todos los veranos, parece sin embargo que el calor está produciendo reacciones exageradas por todo España. Si bien no hacen sino costatar que el país se desertifica y las neuronas están en vías de extinción, el fenómeno más extendido consiste en una distorsión de las medidas. En verano todo se multiplica y mengua sin ton ni son.
Como si se tratara de un efecto contagio del aumento de las temperaturas, todo lo que sucede parece magnificado, aumentado, hiperbólico. Para empezar, los opinadores se han reproducido como los mosquitos bajo el sol de agosto, tanto que hoy me da no se qué opinar sobre nada. No hay canal de televisión ni periódico que no haya introducido más voces (que no más cabezas) a rajar sobre las miserias humanas de los pobres desgraciados que son objetivo de sus pérfidas lenguas.
En la misma medida, la cobertura de “las cosas importantes” parece menguar como si la realidad se encogiera. Encojen los periódicos, los telediarios se llenan de chascarrillos, un día tras otro, con imágenes y declaraciones de gente que constata lo que todos sabemos: que hace calor. Ésta, debe ser la noticia que más tiempo ha acaparado en la televisión en este verano, sin duda.
Entre tanto los políticos se dedican al monólogo, la mínima expresión del uso de las neuronas, porque ya no dialogan no sólo con los ciudadanos, a los que abandonaron hace ya tiempo, sino que no hablan ni con sus pares políticos. Cada color político tiene su argumentario y tira de doctrina: a más grande despropósito propio, más grande la cortina de humo. A más problemas sociales, más chascarrillo, mentira y acusaciones. Cuanto más hace falta que se tomen medidas para que la realidad se parezca un poco más a lo que es deseable, más se dedican los políticos a la mera retórica. Bla, bla, bla, eso es todo.
Y mientras más se aleja la realidad de lo que todo humano digno desea, más crecen los espejismos, las barbaridades y despropósitos de los medios de comunicación y de la política. Con este calor y ante este panorama, hoy soy incapaz ni de tener un espejismo donde proyecte un pequeño pedazo de mundo mejor del que observo, del que cuentan. Voy a esperar entre tanto viendo El último superviviente a ver si en algún capítulo antes del fin de verano este veterano de guerra propone cómo manejarse en el desierto humano y cómo realizar un espejismo deseable en la realidad.
TEMAS RELACIONADOS: