El senador estadounidense, Edward Kenedy, una de las figuras más destacadas del Partido Demócrata y miembro de una de las familias políticas más importantes del siglo XX en Estados Unidos, falleció en la madrugada en España a los 77 años como consecuencia de un tumor cerebral contra el que luchó en sus últimos años de vida.
El féretro con los restos mortales del senador
Edward Kennedy, fallecido la madrugada de este miércoles víctima de un cáncer, serán expuestos en la
Biblioteca Presidencial John F Kennedy de Boston para que los ciudadanos puedan dar su último adiós al patriarca de la familia más querida de Massachusetts. Posteriormente, se celebrará un funeral en la
Basílica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en el barrio Mission Hill, donde el senador acudía casi a diario en 2003 para rezar mientras su hija Kara se recuperaba de un cáncer de pulmón.
Una vez concluida la ceremonia el cadáver del senador será trasladado hasta el
Cementerio Nacional de Arlington, en Virginia, para ser enterrados cerca de donde reposan los restos mortales de dos de sus hermanos, el ex presidente
John F. Kennedy y el senador
Robert Kennedy, ambos asesinados en los 60. La familia ha pedido a los dirigentes políticos, a las instituciones y a los particulares que no envíen coronas de flores y que en su lugar dejen donativos para los programas educativos de la fundación que lleva su nombre, según informa el diario
Boston Globe.
La mencionada biblioteca de Boston, el museo
JFK de la localidad de Hyannis, donde los Kennedy tienen su residencia de verano en Cape Cod y su oficina de
Washington DC serán habilitados para que la gente pueda rendir tributo al senador.
La muerte de Kennedy deja sin guía a la izquierda de EEUULa izquierda de EEUU se ha quedado sin una voz fundamental en el seno del
Partido Demócrata y en la política nacional con la desaparición de Edward Kennedy, que murió cuando su sueño de un seguro de salud para todos está más cerca que nunca. Desde que abandonara sus ambiciones presidenciales en los 80,
Kennedy, de 77 años, se convirtió en un hombre de izquierda sin miedo de serlo, que usaba la etiqueta de "liberal" sin vergüenza, pese a que los republicanos han transformado ese epíteto en casi un insulto.
El senador de
Massachusetts, agraciado con uno de los apellidos más exclusivos de Estados Unidos y una infancia de lujo, fue defensor de los pobres, los inmigrantes y de una educación de calidad para todos, desde la convicción de que el Estado no es el problema, como dijo Ronald Reagan, sino la solución. "Su muerte es un desastre para el ala progresista del
Partido Demócrata y para la esperanza de que el presidente (Barack) Obama se incline hacia la izquierda", dijo a Efe Benjamin Barber, un ex asesor de Bill Clinton y de otros demócratas de peso que se auto-incluye en el movimiento progresista del que habla.
Pese a que el Partido Demócrata tiene la mayoría en el Congreso y posee la Casa Blanca, su banda izquierda está muy debilitada, según Barber, y dominan los políticos de centro.
Kennedy, que dio un respaldo crucial a Obama durante su campaña electoral, gozaba de un acceso privilegiado a la oreja del mandatario y su ausencia dejará sin adalid a los que quieren un giro a la izquierda en el
Despacho Oval.
Su gradual evanescencia del Senado durante los largos meses de enfermedad ya se ha dejado sentir en las negociaciones sobre la reforma del sistema de salud, la cual pretende cubrir a los casi 50 millones de estadounidenses sin seguro. "El hecho de que haya estado muy enfermo ha tenido un impacto muy serio", dijo Steven Greene, profesor de ciencias políticas de la
Universidad Estatal de Carolina del Norte. "El proyecto de ley habría avanzado más si él hubiera podido jugar un papel importante", explicó. Lo reconoció hace unos días su colega republicano
John McCain, quien confesó que "si estuviera aquí Ted Kennedy, todo sería más sencillo".
Su partida deja a los demócratas sin la "súper-mayoría" de 60 de los 100 escaños del
Senado que impedía a los republicanos adoptar tácticas dilatorias para bloquear proyectos legislativos. Su sustituto saldrá de una elección especial a ser celebrada en Massachusetts en unos cinco meses, en la que probablemente ganará un demócrata, dado el cariz del electorado del estado.