Javier Cámara | Jueves 27 de agosto de 2009
No sé qué es exactamente lo más importante para usted en televisión, pero, aunque no le guste el fútbol, todos reconocemos que el “deporte rey” se llama así por algo: es lo que más dinero mueve. Si un club puede gastarse 300 millones de euros en jugadores es porque en sus previsiones económicas se contempla recuperar ese dinero y, si se puede, ganar “algo” con este negocio.
Antiguos ministros hablaron en su momento de partidos de fútbol de “interés general”. Las hemerotecas están llenas de “partidos del siglo”, de grandes derbis Madrid-Barça (o Barça-Madrid, que nadie se me enfade). Nadie recuerda, sin embargo, que un documental sobre la reproducción sexual de la hormiga roja en el Serengeti o que un programa al respecto de si existe o no una ecuación que permita calcular con exactitud matemática el índice de felicidad alcanzable presentado por Punset alcanzaran esta elevada catalogación de utilidad pública.
El caso es que si hasta mi querido Atlético de Madrid consigue ser “minuto de oro” en las audiencias de televisión es porque este espectáculo realmente interesa al personal, que con mayor o menor ilusión se sienta frente a su televisor. Cuánta pasión, cuántas emociones, cuánto sufrimiento de millones de aficionados ávidos de partidos que compartir con los amigos en sus casas o en los bares. El fútbol, nos guste o no, es un fenómeno social de envergadura que llega, incluso, a alterar el normal funcionamiento de un país.
Pues a pesar de la importancia que se le da, en España todavía no sabemos exactamente qué va a pasar con el ya más que próximo comienzo de la temporada futbolística. Las tertulias se reparten entre veremos si el Barça sigue arrasando, qué va a hacer el Madrid de los nuevos galácticos –o la cursilada que ya he escuchado de “divinos”– y, sobre todo, ¡cómo narices se van a poder ver los partidos!
No es por mentar la bicha, pero se nota la mano del ministro de Deportes en esto de administrar los tiempos y los alcances de la disciplina con mayor número de adeptos en nuestro país. Aprobar de urgencia, por decreto-ley, mal y de forma improvisada nos lleva a este caos.
Y digo yo: ¿Qué tiene que decir sobre este desbarajuste el ministro de Deportes, José Luis Rodríguez Zapatero? ¿Alguien sabe con absoluta certeza cuál será el proceso de compra final de un partido de fútbol? ¿Alguien sabe qué es una tarjeta universal de prepago recargable? ¿Cuántos aficionados al fútbol tienen ya su descodificador interactivo (MHP) de Televisión Digital Terrestre? ¿Quién va a pagar los 1.400 millones de euros que costarán los nuevos descodificadores?
Muchos centros comerciales y distribuidores no saben qué se va a hacer, y como no saben no contestan. Información cero. Pero lo que los aficionados-consumidores sí saben –y no les ha hecho mucha gracia– es que el aparato de TDT que se habían comprado no sirve y tendrán que comprar uno nuevo. Tampoco están contentos en ámbitos como el político. El PP ha dicho que votará en contra del decreto-ley porque considera que la medida es un "abuso de poder" y alguna administración autonómica ha denunciado "la falta de rigor y de transparencia democrática" con la que ha actuado el Gobierno.
Además, el gran perjudicado –Prisa y su Digital+– brama contra el presidente Zapatero, que ha conseguido que, a pesar de la crisis que ha sacudido a todos los grandes grupos de comunicación en los últimos dos años, Mediapro-La Sexta se salve de la quema con sus decisiones y gane puestos en su carrera por ser el nuevo imperio mediático español.
El hecho de que el diario de referencia en el Grupo Prisa hable en portada y a cuatro columnas de “la precaria situación del Gobierno" y de que Cebrián vaya a muerte contra los métodos franquistas de Zapatero para aprobar una ley es noticia en sí mismo. Mucho han cambiado las cosas en el negocio mediático de este país y mucho va a cambiar el modelo televisivo para ver fútbol.
¡Qué gane el mejor!
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