Opinión

Bases militares: un nuevo desafío para la política exterior brasileña

Julimar da Silva Bichara | Jueves 27 de agosto de 2009
Desde hace algún tiempo las relaciones entre los países sudamericanos no estaba tan tensa como en las últimas semanas, desde que Colombia y los EEUU han hecho público su acuerdo militar. A la completa indiferencia de Bush, sin objetivos concretos, pasamos a la intervención directa de Obama. Y es que el acuerdo entre Obama y Uribe para el “uso” de bases militares en territorio colombiano ha tensionado todavía más la relaciones entre los supuestos “hermanos” sudamericanos. También es verdad que esta tensión se observa sobre todo, o casi exclusivamente, en el ámbito político y mediático. En cualquier caso, esto representa un duro golpe a la construcción de la Unasul y al mecanismo de defensa regional, objetivo impulsado especialmente por Brasil.

No cabe duda, por otro lado, que las consecuencias económicas pueden ser muy negativas. En los últimos años los países sudamericanos han incrementado sustancialmente el grado de integración económica en la región, inducido tanto por el flujo de comercial intra-regional, como también por las inversiones directas impulsadas por las “multilatinas”, las empresas multinacionales de los países latinoamericanos, como lo ha definido la Cepal. Hay dos explicaciones fundamentales para explicar este fenómeno: por un lado, las transformaciones estructurales enmarcadas en el mal llamado Consenso de Washington, a través de la apertura comercial y financiera y de la desregulación económica emprendidas por estos países a lo largo de la década de los 80 y 90; en segundo lugar, por la relativa estabilidad política.

Sin embargo, la histórica de Sudamérica muestra que esta relativa estabilidad política parece que se está transformando en un espejismo, por lo menos en algunos países; dando la razón a los que piensan que la región es todavía intrínsecamente inestable.

Y ahora asistimos a otro episodio lamentable de desconstrucción de estos mecanismos propulsores (condicionantes sino qua non) del desarrollo económico y social. Parece que algunos dirigentes locales prefieren resucitar los fantasmas de las dictaduras de los años 70, que veía enemigos de la nación en todas partes, como mecanismo de legitimidad, a buscar caminos que lleven a la prosperidad de la sociedad. Pero es que el desarrollo socioeconómico demanda instituciones fuertes y eficientes, no personalismos. Y parece que es exactamente lo que estarían intentando evitar. A algunos “super-presidentes” sudamericanos no les interesa generar mecanismos de accountability, de control social.

Pues parece que esta desconstrucción será el resultado final si las lamentables palabras que estamos escuchando estos días pasan a los hechos. ¡Esperamos que no! La sociedad sudamericana debe buscar mecanismos para que esto se quede en una pesadilla de una noche de verano. Y aquí España y Brasil deberían protagonizar el debate. Se abre un nuevo desafío, pero también una excelente oportunidad.

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