Opinión

El debate sobre la democracia estadounidense

Santiago Leiras | Viernes 28 de agosto de 2009
El confuso desenlace de la elección presidencial del año 2000 -con la controvertida decisión de la Corte Suprema de suspender el recuento de los electores en el estado de Florida llevando a la consagración de George W. Bush como presidente de los Estados Unidos- llevó a poner en tela de juicio la democraticidad del sistema político estadounidense.

Un sistema federal, en forma conjunta con el establecimiento del moderno sistema de división de poderes, la elección indirecta del presidente y los integrantes del senado federal -poder legislativo bicameral-, y el rol del poder judicial como garante y última instancia de control de constitucionalidad de los actos de gobierno forman parte de un esquema institucional diseñado con el claro propósito de enfrentar el principal obstáculo en la construcción de la república en la perspectiva de los constituyentes de Filadelfia: la tiranía y las diferentes expresiones de la misma –tiranía de la mayoría, del gobierno y legislativa- en el marco de una concepción aristocrática del republicanismo magistralmente analizada en la obra del politólogo estadounidense Robert Dahl ¿Es democrática la constitución de los Estados Unidos? publicada en idioma español en el año 2003.

El atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono generaron condiciones propicias para la construcción de una democracia condicionada, con claro predominio de las posturas partidarias de preservar la seguridad nacional en desmedro de las libertades y derechos individuales consagradas en la constitución estadounidense; en este contexto se inscriben iniciativas como la convalidación de la utilización de recursos como la tortura física y psicológica, la instalación de cárceles especiales para la detención de personas sospechadas de haber participado en actos terroristas sin las mínimas garantías del debido proceso y la intromisión en la vida privada de los ciudadanos mediante el espionaje de correos electrónicos y/o conversaciones telefónicas.

Al mismo tiempo, el funcionamiento de esta democracia aparece signado por una estrecha asociación entre poder político y poder corporativo, con un claro debilitamiento de las capacidades institucionales de ese poder político para disciplinar y controlar a los poderes privados.

La obra de Sheldon Wollin, Democracia SA. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido, analiza los rasgos dominantes de un régimen que, si bien no puede ser comparado moral ni políticamente con los estados totalitarios de siglo XX, parece deslizarse hacia una dirección en la que el poder privado puede convertirse en un “poder total” con sus propias patologías, en un contexto de fuerte apatía cívica y poder político con escasos incentivos para fomentar la participación ciudadana.

¿Es posible que Estados Unidos sea, en el mejor de los casos una democracia dirigida y en el peor una modalidad invertida de totalitarismo? sugerente pregunta del autor, sugestivas y provocadoras son las respuestas que encontrará el lector.

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