Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 31 de agosto de 2009
Los registros estadísticos relativos a la situación económica y social de España y de los españoles han tocado sus mínimos históricos y otros aspectos de la vida nacional que no tienen reflejo numérico han llegado también a ser los peores que se recuerda. En esta confusión del lenguaje, tan habitual en la España actual, algunos dicen que somos “líderes en destrucción de puestos de trabajo o en desempleo”, aunque mal se puede hablar de liderazgos –que supone guiar o ir en cabeza- cuando se está a la cola de todos los países desarrollados. En ya más de cinco años, este Gobierno no sólo no ha hecho nada positivo -salvo vivir de las rentas hasta que ha podido- sino que ha destrozado muchas de las cosas, materiales e inmateriales, que se habían conseguido desde que este país dio el ejemplar salto de la dictadura a la democracia. Ha intentado incluso socavar la legitimidad del sistema, que eso significan la malhadada ley de memoria histórica o el reconocimiento de otras soberanías con la que hay que pactar, que es los que supone el inconstitucional estatuto de Cataluña. En el balance positivo sólo se puede apuntar la rectificación –nunca reconocida- de la demencial política de negociación con ETA y la vuelta a la tradicional persecución policial y judicial de los terroristas, aunque todavía no ha retirado la iniciativa parlamentaria que permitía al Gobierno negociar con la banda criminal. Es también positivo –y eso sí que es una novedad en treinta años de democracia- el pacto de legislatura PSOE-PP en el País Vasco que, si se mantiene, establecerá allí, por primera vez el sistema constitucional, boicoteado desde el principio por el nacionalismo, mal llamado moderado.
El anuncio por parte del propio Presidente del aumento de los impuestos en este contexto de grave crisis económica es la última prueba, por ahora, de la ineficacia y de la incompetencia de este Gobierno, que se encontró en 2004 con la situación más saneada y prometedora que había tenido nunca la economía española. Hay que recordar que todavía en julio, Zapatero aseguraba –como “asegura” él, que desconoce la verdad y la coherencia consigo mismo- que no habría ningún incremento fiscal. ¿Qué ha sucedido para este repentino cambio, eso sí anticipado hace dos semanas por el inefable Blanco? No resulta difícil adivinarlo. Zapatero, dedicado al reparto munífico de subvenciones y subsidios y comprometiéndose cada vez más cara al futuro con nuevas generosidades ha abierto la caja del tesoro y se ha encontrado con que está vacía. Y víctima del pánico ha hecho lo que siempre hacen los malos gobiernos: subir los impuestos y que paguen los de siempre. Se trata de salir del paso, “como sea”, otra de las fórmulas preferidas del zapaterismo, con la vana y vaga esperanza de que ya escampará. Es decir, a ver si a los otros les va un poco mejor y nos toca algo. Este hombre, que no hace tanto se preguntaba “qué podíamos hacer por Obama” (declaración de amor político insólita en los anales) en el fondo lo que busca es a ver qué puede hacer Obama por él.
Dentro de unos pocos meses España asumirá la presidencia de turno de la UE y a todos nos gustaría que nuestro país hiciera un buen papel. Pero, ¿qué se puede esperar de una presidencia protagonizada por el peor Gobierno español de que se tiene recuerdo? Voluntariamente o por torpeza, Zapatero ha hecho perder peso a España en Europa y en el mundo desde que llegó al poder y carece de autoridad para hacer nada notable, más allá de los aspectos protocolarios o ceremoniales. ¿Qué ejemplo va a dar al resto de los socios europeos el Gobierno que, además de haber dilapidado una buena herencia se muestra incapaz de encontrar una vía de salida para la recesión? Zapatero sólo ha demostrado que sabe cómo se crean problemas donde no los había, como se divide al país generando enfrentamientos artificiales o cómo se destruyen puestos de trabajo, mientras se genera la desconfianza entre los ciudadanos, los empresarios, los trabajadores y, en general entre todos los sectores de la nación. Mientras la UE sigue trabajando por consolidar el mercado único europeo, ¿qué les va a decir a los europeos quien ha facilitado que en España existan diecisiete mercados diferentes, sometidos a distintas regulaciones? Ya sólo falta que en los límites entre las comunidades autónomas se establezcan casetas para cobrar alcabalas, como en la Edad Media. Todo esto provoca la huída de la inversión extranjera, más necesaria que nunca. ¿Cómo lo va explicar en Bruselas?
Se repite todavía mucho eso de que “España es un gran país”. Y, ciertamente, lo fue hace mucho tiempo y desde que llegó la democracia inició el camino para recuperar esa posición, después de dos siglos de decadencia. Pero desde que Zapatero se instaló en La Moncloa esa marcha ascendente se detuvo y hoy vamos a la cola en los aspectos más importantes. ¿Qué va a hacer Zapatero? Subir los impuestos para arruinar un poco más a los consumidores y trabar aún más la actividad económica. ¿Cómo puede este “gran país” soportar tanta incompetencia?
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