Martes 01 de septiembre de 2009
Faltan pocos días para que se celebre en Trípoli (Libia) la sesión ordinaria de la Unión Africana. El invitado estelar de este año es el presidente venezolano Hugo Chávez, ya que por esas fechas estará rindiendo visita a su colega Gadafi -las similitudes entre las ejecutorias de ambos caudillos son notables-. Pero hay más. El periplo de Chávez le llevará por Argelia, Siria, Irán y Rusia, aparte de la ya mencionada Libia. Le faltaría sólo hacer escala en el Afganistán talibán y en Corea del Norte para que el tour fuera perfecto.
Chávez, como máximo mandatario de una nación soberana como Venezuela, está en su perfecto derecho de viajar donde le plazca. Sucede que los viajes oficiales se suelen diseñar de acuerdo con los intereses de estado de cada país y no por un mesianismo a caballo entre la provocación y el esperpento. El líder bolivariano está disgustado porque la OEA no se ha doblegado a sus propósitos de condenar a Alvaro Uribe por permitir que Estados Unidos instale bases militares en suelo colombiano. Así, en su particular modo de entender la política internacional, no se le ha ocurrido nada mejor que inventarse una gira por países cuyo único nexo de unión, aparte del petróleo, es su déficit democrático y su inquina hacia Estados Unidos. Lo peor de todo es que hay una corriente de opinión pública favorable a todo lo que haga y diga Chávez, sin valorar el ridículo que hace y la tensión que genera. En su afán por extender la revolución bolivariana, a Chávez no le duelen prendas en viajar por medio mundo para lanzar a quien quiera escucharle su cansina retahíla de despropósitos para escarnio y perjuicio de la ciudadanía americana, en general, y venezolana, en particular. Ya va siendo hora de que a algunos se les caiga la venda con semejante personaje.
TEMAS RELACIONADOS: