Miércoles 02 de septiembre de 2009
La política económica de Gobierno está causando preocupación e incluso cierto estupor en medios económicos. José Luis Rodríguez Zapatero se confió en el margen fiscal que tenía la economía española el año en que renovó la confianza de los españoles, en 2008. Entonces el superávit presupuestario, aunque escaso y menguante, formaba parte de sus discurso sobre el éxito económico de su Gobierno. La deuda superaba ligeramente el 35 por ciento y estaba en niveles históricamente muy bajos. Entonces apostó por ganar apoyos políticos a base de gasto público, un recurso muy antiguo pero no por ello poco efectivo. “Tenemos margen” era la consigna lanzada desde Moncloa.
El ministro de economía, Pedro Solbes, le advirtió en repetidas ocasiones contra esa política. Finalmente, y de mutuo acuerdo, Solbes acabó saliendo del Gobierno. Quien ha ocupado su cargo, Elena Salgado, cuando se le preguntó por este asunto nada más ocupar la cartera de Economía, declaró que hay margen porque “tiene que haber margen”. Toda una declaración de intenciones.
El Banco de España contabiliza ya un déficit fiscal del 10 por ciento del PIB y apunta a que podemos alcanzar en breve el 12 por ciento. La Deuda acumulada llegará con facilidad al 80 por ciento en 2010 y dentro del propio Gobierno hay quien apunta al 90 por ciento. La política de gasto, con el Plan E como estrella y el nuevo acuerdo económico, lleva a una avalancha fiscal.
Esa avalancha tiene graves efectos económicos. Pero también políticos; por eso cunde ya la preocupación en el despacho del presidente. La calificación de nuestra deuda está temblando; las agencias de rating preparan ya sus informes para rebajarla. El crédito del Estado cae cada mes. Y ello hará que colocar la nueva deuda será más difícil y también más caro. Además los intereses de la deuda pueden llevarse el 3 por ciento del PIB ya en 2010, con lo que una parte importante del gasto se destinará a un uso sin beneficios políticos. Aún una tercera bomba política aún por estallar pero con la mecha encendida es la posible expulsión de España del euro, si el Ejecutivo no cambia el rumbo de un modo drástico.
Todo ello le lleva a subir los impuestos. ¿Cuáles subirá? Detrás de las múltiples y contradictorias manifestaciones de los dirigentes socialistas se descubre una improvisación que ya se observa en otros ámbitos de su política. Con todo, parece que hay ciertas líneas que se marcan con más claridad que otras.
Rodríguez Zapatero (ya lo había adelantado El País), no quiere gravar las rentas del trabajo, para mantener su discurso populista. Ha hablado de gravar las rentas del capital (que afectaría a más de 16 millones de españoles), pero ello no es suficiente.
Por eso, el Gobierno tiene que buscar más opciones, más efectivas, y que cuadren con su discurso. En este momento, Rodríguez Zapatero considera la posibilidad de crear, por vez primera en España, un impuesto sobre las grandes fortunas, en línea con el creado por Barack Obama. Según los cálculos de los técnicos de Hacienda, podría reportar una recaudación muy significativa. Además entra en el discurso populista del Gobierno y cuenta con el aval de que la medida haya sido adoptada ya por Obama.
Otra cuestión es que esas grandes fortunas le dejen a Zapatero tomar esa medida.
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