Jueves 03 de septiembre de 2009
El martes pasado Felipe Calderón, presidente de México, envió al Congreso su tercer informe de gobierno pero, en esta ocasión, no lo presentó ni lo leyó a los diputados federales, como es costumbre. Por este motivo el miércoles dio un mensaje en el cual resumía los puntos principales de dicho informe. En una ceremonia en el Palacio Nacional, Calderón se dirigió a alrededor de dos mil personas para informar sobre los problemas más importantes a los que se ha enfrentado el país en el último año. El Presidente habló sobre la crisis económica, el combate contra el crimen organizado, la gripe AH1N1, la caída en la producción de petróleo y la falta de agua.
En cuanto a la crisis económica, el presidente mencionó que a pesar de ser la más grave en mucho tiempo, lo peor ha pasado y que gracias a estrategias de su gobierno se ha podido detener el alza en la tasa de desempleo. En relación a la gripe A, dijo que se pudo contener la propagación rápida del virus, pero esta pandemia tuvo un gran impacto en la economía del país. Sobre otros puntos, que también han afectado enormemente a la situación económica de México, está una severa caída en la producción de petróleo, fuente principal de ingreso del país, y las peores sequías en seis décadas que han tenido un severo impacto en el sector agropecuario.
Quizá el tema más esperado era el combate al narcotráfico que en los últimos años ha generado mucha violencia e inseguridad en todo el país. Calderón fue breve, pero confirmó que es el mayor problema al que se enfrenta y que ha acabado con la paz entre la sociedad. Mencionó que en el año se han detenido a setenta miembros importantes de los diferentes carteles de la droga y a 80.000 personas relacionadas con estas organizaciones, así como el decomiso de grandes cantidades de droga y armas.
Sin embargo, los partidos de oposición señalaron que las estrategias y políticas que el presidente Calderón ha impuesto no han dado suficientes frutos, especialmente en materia de seguridad, ya que, a pesar de las detenciones y de la creación de un nuevo cuerpo policíaco, la violencia continúa y se ha extendido en regiones donde antes no ocurrían enfrentamientos armados. Este argumento parece ser válido al ver cómo estados de la república como Michoacán y Guerrero se han convertido en zonas controladas por la delincuencia organizada, con ejemplos tales como el estallido de una granada en la capital michoacana en septiembre pasado o el reciente asesinato de un representante del partido de izquierda, PRD, en Guerrero.
El presidente mexicano ha hecho esfuerzos por acabar con la violencia que genera el narcotráfico, pero falta mucho por hacer. Una de las principales tareas es acabar con la corrupción que abarca muchos cuerpos de seguridad, ya que con el apoyo de aquellos que deben velar por la seguridad y aplicar la ley, los delincuentes se vuelven cada vez más poderosos e impunes.
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