Opinión

Señáletica políticamente correcta

Montse Fernández Crespo | Viernes 04 de septiembre de 2009
Martes a las dos del mediodía. Relajados en una terraza cualquiera de un pueblo cualquiera. Vacaciones. Una amiga que llegaba desde Zaragoza, donde reside, comenta que la habían sorprendido ver desde su coche los mensajes referidos a “las colillas” en la carretera. No es para menos. Los que circulamos por Madrid y alrededores estamos un poquito más acostumbrados, desde hace tiempo además, a este tipo de mensajes que yo califico como “políticamente correctos” aunque en el fondo no sean más que el soporte sutil y un tanto moderno utilizado para decirnos que se nos cuida y que aquellos que no procedan como se indica, serán castigados y a más, sentenciados culpables y exiliados en beneficio de la buena marcha de la comunidad.

Una definición de lenguaje políticamente correcto extraída de la Wikipedia: “La corrección política o lo políticamente correcto es un término utilizado para describir lenguaje, ideas, políticas o comportamientos que se considera que buscan minimizar las ofensas a grupos étnicos, culturales o religiosos.” Por extensión, hoy, buscan minimizar ofender a cualquiera.

Algunos ejemplos de éste en los luminosos de las autovías:
- Tirar colillas. 4 puntos
- Alto riesgo de incendio
- Rádar, por su seguridad
- Correr no merece la pena
- Conductor, descanse cada 2 horas
- Campaña control uso teléfono móvil
- Campaña control de velocidad

¿Simple aviso? Adoctrinamiento, control, seguridad, vigilancia... Salvaguarda del sentimiento comunitario, que paradójicamente es más útil a los más débiles e inseguros e ineficaz para los individuos con recursos.

Recientemente nuevos carteles, enormes por cierto, con principio y fin:
- Tramo alta concentración de accidentes
- Fin tramo alta concentración de accidentes

¿Y cuándo sales de un túnel? Una señal azul redonda con un foco seguido de un signo de interrogación. Es como si te dijeran, sin urgencia alguna: “le recordamos que puede que sí o puede que no, que a partir de ahora se requiera o no mantener las luces de su vehículo encendidas”. ¿Se da usted cuenta? Nosotros, el Estado, siempre nos mantenemos alerta, vigilantes de su tranquilidad.

El lenguaje políticamente correcto se “inventó” para satisfacer a las minorías cuyos votos resultaban decisivos en la contienda electoral. Pero no nos engañemos. No es respeto a la multiculturalidad ni a las diferencias, es marketing, publicidad de Estado. Este lenguaje, con sus buenos beneficios demostrados, se ha convertido en una táctica para que nos creamos que tales estrategias son inexcusables, que el Estado o la Autonomía o la Alcaldía nos protegen de los otros –y de nosotros mismos-. Pero al fin lo que se nos transmite es que por encima de derechos o necesidades básicas como el acceso a un trabajo remunerado o la adquisición de una vivienda digna, para los que ya se vienen mostrando incapaces, intentan asegurar la perpetuidad de su existencia en esa especie de proteccionismo otorgado y garantizado a la comunidad.

Lo importante que podemos extraer de estos pequeños detalles es darse cuenta de cómo el Estado, una vez perdida su calidad como soberano merced a los poderes del mercado auspiciados por la globalización económica y de poder, como apunta Bauman, se ve empujado a una total desregularización quedándole simplemente bajo su dominio el control policial de su territorio. Este control debe perpetuarse y lograrse para que los ciudadanos se sientan a salvo en esta coalición que formó el Estado Nación. Así, todos somos considerados, como consecuencia de nuestra cada vez mayor percepción de individualidad, como una unidad, una minoría étnica con carácter de unicidad a la que es preciso mantener o atraer al redil comunitario. En este contexto sirve bien el uso del lenguaje políticamente correcto, el que sin ofender a nadie parece mostrar a un Estado que respalda la seguridad de todos los individuos –incluso el mío propio-, que en algún momento bien por decisión propia o por inevitable obligación, entraron a formar parte de él.

Conocido es el mensaje difundido por el bien de la colectividad: “si bebes, no conduzcas” (ya no, que eso era antes, ahora es sinónimo de privación de libertad –es decir, cárcel… que hemos aprendido a emplear el lenguaje políticamente correcto-). Y si la corrección política viene del fabricante de bebidas alcohólicas, el aviso añadido es: “zutanito recomienda el consumo responsable” – y de qué iban a vivir ustedes, ¿si puede saberse?-.

Dejen de protegerme tanto. Hastían.

Montse Fernández Crespo
Montsefcfr40@hotmail.com


PD. Los miembros de las minorías étnicas no son “comunitaristas naturales”. Su “comunitarismo realmente existente” está impulsado desde el poder. Es el resultado de la expropiación. La propiedad de la que no se les permite disponer o que se les retira es el derecho a elegir. (Comunidad. Zygmunt Bauman)

Lo políticamente correcto representa el bien y lo políticamente incorrecto representa el mal…. Lo políticamente correcto no atiende a igualdad de oportunidades alguna en el punto de partida, sino al igualitarismo en los resultados en el punto de llegada. (La esencial intolerancia del pensamiento políticamente correcto. Entrevista a Vladimir Volkoff)

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