Opinión

Menor de edad

Martín-Miguel Rubio Esteban | Sábado 05 de septiembre de 2009
Queridísimo Luis, mi dilecto ahijado:

Todo lo que tienes, lo muy poco que tienes, te lo mereces de sobra, y muchísimo más. No te preocupes de nada. Contarás siempre con las personas adecuadas que te avalarán. Me emocionaste hasta el fondo el otro día cuando llorabas conmovido por la “bondad” de tu madrina. Eran tan infantiles, inocentes y dulces tus lágrimas...He recibido tus presiosos cuentos tan primorosamente encuadernados.

No se trata, queridísimo Luis, de cuentos sencillos, sino de cuentos magníficamente escritos. ¡Cuánto te los agradezco! ¡No sabes hasta qué punto te los agradezco! Te prometo que yo también alguno de ellos memorizaré. Son muy hermosos. Descubrimos en ellos otro hermano de los Hermanos Grimm. Mi hermano me dice que eres muy exigente en tu propio trabajo; yo diría que eres demasiado exigente contigo mismo. Tanto que a veces parece que te desprecias a ti mismo. No hagas eso nunca, Luis, querido amigo mío. Mi dulce Luis. ¡Qué brutos aquellos hombres que te juzgaron! ¡Tres Consejos de Guerra! Ni que fueses Líster o Campesino. ¡Pero si tú tenías dieciséis años cuando se alzó el Glorioso Movimiento Nacional! En fin, ya estás fuera, ya todo ha pasado.

Por lo demás, la cárcel detuvo el tiempo en ti, te impidió crecer a pesar de las terribles experiencias sufridas. En cierto sentido tenía razón nuestro capellán ( nuestro cómplice...) cuando afirmaba que tu salida de la cárcel se iba a parecer mucho a la salida de un muchacho del internado. No tomes a mal estas palabras, queridísimo Luis, pues con ellas el bueno del capellán estaba describiendo la inocencia infantil que verdaderamente late en ti.

Tu Madrina que te quiere,

Josefina

P. D. Me encanta tu preciosa letra inglesa, tu magnífica caligrafía, que sin duda alguna representaría el nivel 18 en la escalala de la escritura elaborada por el gran psicólogo y pedagogo americano Edward Lee Thorndike.

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