compañía de danza de Moscú
Domingo 06 de septiembre de 2009
El Ballet del Teatro Bolshoi, el más antiguo del mundo y del que han salido grandes estrellas de la danza como Maya Plisetskaya, Nureyev o Nijinski, nunca se había subido al escenario del Teatro Real , cada vez más acostumbrado a ofrecer grandes acontecimientos. En el estreno de Espartaco de anoche no defraudaron.
Para el Teatro Real y, por lo tanto, para su público, era algo más que una asignatura pendiente. El Ballet del Teatro Bolshoi, el más antiguo del mundo y del que han salido grandes estrellas de la danza como Maya Plisetskaya, Nureyev o Nijinski, nunca se había subido al escenario del coliseo madrileño, cada vez más acostumbrado a ofrecer grandes acontecimientos. De modo que la velada de anoche, además de ser la inauguración de la nueva temporada, era, sobre todo, la del estreno de Espartaco, la obra que, sin duda, mejor define lo que constituye esta mítica compañía de danza de Moscú. Por eso, las entradas se habían agotado hace tiempo y la expectación era la que corresponde a un espectáculo de su categoría.
Está claro que no podía defraudar, porque Espartaco es un espectáculo lleno de fuerza a la vez que de virtuosismo técnico creado por el coreógrafo Yuri Grigorovich, también presente estos días en la capital a pesar de sus 82 años. Se trata de una obra que, desde su estreno el 9 de abril de 1968, ha convencido en todos los teatros del mundo en los que, desde entonces e ininterrumpidamente, se ha venido representando. El ballet, de tres actos, con partitura de Aram Jachaturian, constituye una coreografía de extraordinario dinamismo, con una narración dramática, perfectamente visual y realista, en la que se alternan los momentos de grandiosidad épica con los de delicada intimidad romántica; y que trata un tema eterno, el de la rebelión contra la esclavitud, a través de un héroe tan carismático en la historia como Espartaco. Una obra que, como no podía ser de otra forma, ya se ha convertido en un gran clásico de la danza, con escenas prodigiosamente perfectas como el dúo dramático de la pelea a ciegas entre los gladiadores, la de la bacanal o la del bellísimo reencuentro entre el héroe y su esposa.
Anoche, el joven ucraniano Ivan Vasiliev fue el encargado de meterse en la piel del héroe y de hacer vibrar al público con su fuerza y su categoría dramática, llevándonos a todos hasta la injusticia de su historia y de su muerte a manos de las afiladas lanzas romanas, plasmada en la escena más vibrante de toda la obra. Pero Vasiliev no estaba solo y a pesar de que fue, merecidamente, el más aclamado por el público, las actuaciones de Nina Kapstova como su amada Frigia, de Ekaterina Shipulina representando a la cruel y vengativa Aegina, fantástica y también muy aplaudida, y, por último, de Aleksandr Volchkov como Craso, completaban el fastuoso cuadro de movimiento perfecto y altamente expresivo de una obra en la que no se puede dejar de hablar de su cuidada puesta en escena, por la que tampoco parece que pasen los años. Porque los decorados y vestuarios del georgiano Simon Virsalasdze, fallecido en 1989, continúan siendo tremendamente eficientes, expresivos y modernos, seguramente indispensables para el éxito total de este grandioso espectáculo que estará en la capital hasta el próximo día 10 de septiembre.
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