Opinión

Atisbo de democracia en Afganistán

Domingo 06 de septiembre de 2009
Con más del ochenta por ciento de sufragios escrutados, el actual presidente afgano y candidato a la reelección, Hamid Karzai, continúa acercándose a la mayoría absoluta, imprescindible para evitar una segunda vuelta. Si en cualquier sistema presidencialista los candidatos desean evitar una segunda vuelta a toda costa, en el caso de Afganistán el deseo se convierte en una cuestión de supervivencia. La inseguridad reinante en la zona apremia la necesidad de que la incertidumbre electoral llegue a su término con el nombramiento del vencedor. Pese a las acusaciones de fraude del principal rival de Karzai, el ex ministro de Asuntos Exteriores Abdulá Abdulá, todo parece indicar que sus quejas no son sino excusas de mal perdedor y que la presidencia seguirá en manos de la misma persona.


Es cierto que la ejecutoria de Karzai no puede calificarse de modélica. Amistades peligrosas, más de una corruptela entre sus colaboradores y una administración manifiestamente mejorable pesan en su haber. En un país normal, su carrera política estaría acabada. Pero la triste realidad es que en Afganistán no hay mucho más donde elegir. Aparte de los dos contrincantes electorales anteriormente citados, no existe una figura emergente que aglutine en torno a sí las ansias de paz de una población que lleva décadas sumida en una espiral de violencia que no parece tener fin. Karzai no es la panacea universal, pero sí el hombre que puede dar una cierta estabilidad al pueblo afgano. Quien, por otra parte, le ha respaldado en las urnas. De ahí que sea imprescindible apoyar a un proyecto de democracia que puede germinar si la comunidad internacional echa el resto en su lucha contra el terrorismo.