la cuantía de la subida impositiva no logra coger a contrapié al líder del pp
Miércoles 09 de septiembre de 2009
Cuando Zapatero ha anunciado que la subida de impuestos supondrá unos ingresos equivalentes al 1,5 por ciento del PIB ha obligado al líder de la oposición a variar parte de su discurso, previamente redactado, e incluso a omitir alguna de sus páginas. La bancada popular ha echado una mano a Rajoy, aunque el presidente del PP se ha desenvuelto con solvencia en el estrado y ha confeccionado sobre la marcha una réplica al presidente del Gobierno. Así ha transcurrido la jornada en el Congreso.
José Luis Rodríguez Zapatero ha intervenido este miércoles en el Parlamento para dar cuenta del estado de la economía española. El titular más destacado de sus palabras ha sido el anuncio de que la subida de impuestos supondrá unos ingresos de 15.000 millones de euros -el 1,5 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB)-, aunque no ha concretado qué figuras tributarias se elevarán. Concreción es lo que iba a pedir Mariano Rajoy en su discurso, escrito de antemano al igual que el del presidente, según el documento entregado a los medios de comunicación. Rajoy ha confesado no ser precisamente admirador de “algo muy propio” de Zapatero: “Primero hace el anuncio y luego trabaja los contenidos”.
Sin embargo, después de haber despejado el jefe del Ejecutivo la incógnita sobre la magnitud de su polémica subida de impuestos, el discurso del líder de la oposición ha sufrido algunos cambios sobre la marcha. Durante la intervención del presidente, la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, y Álvaro Nadal, portavoz adjunto en la Comisión de Economía -dos filas por detrás de Rajoy-, han echado una mano al líder de la oposición, quien, en una demostración de dominio del lenguaje político y la oratoria, ha obviado muchos de los párrafos de su discurso preestablecido, ha aligerado las cuestiones sobre concreción y ha alimentado el argumento de la necesidad de un pacto para adelgazar el gasto público “y para explicárselo al conjunto de los españoles”.
Como reza el documento del Grupo Popular facilitado en el Congreso por los servicios de prensa del PP, “sólo son válidas las palabras pronunciadas”. En este sentido, Rajoy no ha leído algunos pasajes de su discurso, algunos muy críticos con la comunicación interna en el seno del Ejecutivo, y ha dedicado ese tiempo a tender la mano y a pedir más información al presidente sobre ese 1,5 por ciento del PIB en impuestos. Todo ello sin guión y con el aplauso unánime de sus filas en algunos tramos. Lo que no ha cambiado, a pesar de saber la cuantía de los impuestos, es el titular de su discurso: “No hay subida de impuestos capaz de tapar el agujero que usted ha creado”. Tampoco ha faltado a la cita con la crítica a la improvisación de Zapatero: “Ha optado no por un gran acuerdo nacional sino por ir tirando, por ir salvando el momento, con esa costumbre suya del cortoplacismo de vamos a ver cómo salimos de ésta hoy, que mañana Dios dirá”.
El presidente, por su parte, ha seguido al pie de la letra el guión preestablecido, con tímidos aplausos de su grupo durante su exposición al tratarse de un discurso eminentemente institucional y más constreñido que el del líder de la oposición. Con su anuncio estrella ha puesto en funcionamiento a Álvaro Nadal (PP), que en varias ocasiones ha abandonado su escaño para dialogar con Mariano Rajoy.
El presidente ha ofrecido a la Cámara un diagnóstico: “Hay indicios consistentes de que el peor momento de la recesión, en términos de caída de la actividad, ha pasado ya, pero seguimos inmersos en una crisis intensa que sólo podremos dar por superada cuando la recuperación, aún incierta, se asiente y volvamos a crear empleo de forma estable”. Además, Rodríguez Zapatero ha reconocido que “un millón y medio de empleos, en poco más de un año, son muchos puestos de trabajo perdidos” y que este hecho supone “una verdadera herida social”. Sin embargo, su última frase –posterior a una batería de medidas adoptadas por su Gobierno y del análisis de algunos indicadores- ha resultado inquietante para los presentes: “Les aseguro que esta trayectoria no se va a detener”.
Los populares han recordado al presidente del Gobierno que este martes le tendieron la mano para una reforma educativa y su grupo no la aceptó. Cuando el líder del Ejecutivo ha dicho “les anticipo mi receptividad a los planteamientos de los diversos Grupos de esta Cámara”, una voz en la bancada del PP ha espetado: “Igual que ayer”. Al final, aunque no sin esfuerzo, Rajoy ha logrado uno de sus propósitos y visitará La Moncloa para abordar con su inquilino la reducción de gastos en la Administración, así como hablar de un hipotético pacto en educación y energía.
La jornada ha concluido con la lectura de que el PP está dispuesto a arrimar el hombro y que el Gobierno se dejará asesorar pero sin asegurar el éxito de las negociaciones. Rajoy ha sabido regatear e improvisar con habilidad sus palabras ante un presidente con un discurso bien atado y aprendido. Se cierra en positivo el primer Pleno de peso del curso al quedar pendientes reuniones bilaterales y promesas de diálogo, sin duda un sabor de boca diferente al del martes, cuando los socialistas echaron abajo las propuestas de reforma planeadas por el principal partido de la oposición.
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