El Ateneo de Madrid ha acogido este miércoles un sentido homenaje a Julián Lago, fallecido el pasado 4 de agosto en Paraguay tras ser arrollado por un motorista. Amigos y compañeros de profesión del periodista han rendido tributo a un hombre al que todos han coincidido en calificar como bondadoso.
José Luis Balbín,
Paloma Barrientos,
Jaime Peñafiel, Víctor Márquez y Marilé Zaera, han dedicado este miércoles a
Julián Lago palabras en recuerdo a su vida y su profesión en un sentido homenaje en el Ateneo de Madrid. Convocados por su sobrino
David Felipe Arranz, han coincidido en elogiar a Lago como amigo y periodista.
Jaime Peñafiel, Paloma Barrientos y David Felipe Arranz, entre los asistentes al homenaje (Foto: Manuel Engo)
Buen amigo, generoso, leal y con un
encanto genial han sido algunos de los calificativos que Lago ha recibido de boca de sus amigos, algo más de un mes después de que falleciera en Paraguay tras ser atropellado por un motorista. Pero este periodista de vocación era mucho más. Así lo entiende Barrientos, quien no duda en afirmar que una generación de periodistas, en la que se incluye,
“se ha quedado huérfana”. O Peñafiel cuando recuerda que Lago “era mucho más que ‘La máquina de la verdad’” y matiza que “la única verdad fue su vida y su muerte”.
Aunque Lago
quiso ser torero, lo cierto es que a quien dio un buen pase fue a los intereses de unos y otros. Sus colegas han recordado creen que lo que le definió fue su
independencia. “Fue lo que le obligó a irse”, ha dicho Barrientos. Algo en lo que coincide Arranz cuando afirma que “no era un periodista de carné de partido”. Peñafiel va más allá cuando asevera que Lago “buscó fuera la paz que no tenía y el amor que no encontraba”.
Periodista de prensa escrita, radio y televisión, cumplió en todos los frentes. Pese su triste final, arriesgó en la vida y en la profesión. Arranz cree que fue
“íntimamente feliz”. Y lo cierto es que se atrevió con todo. Incluso con la poesía; faceta en la que, según su sobrino, “brillaba”.