Viernes 11 de septiembre de 2009
Se cumplen hoy ocho años del fatídico ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Es también el primer aniversario con Obama de presidente. Aquella salvajada supuso un impacto descomunal no sólo para el corazón del pueblo americano sino también para el centro financiero del mundo. De hecho, el efecto dominó en los mercados financieros fue brutal. Caídas en las bolsas, bancarrotas empresariales y un cambio de mentalidad a todos los niveles. Hubo un antes y un después de ese día. Desde entonces, por ejemplo, tomar un avión se ha convertido en algo realmente pesado, toda vez que los controles de seguridad se han incrementado hasta el paroxismo en algunos casos. Seguridad. Una palabra que también adquirió una nueva dimensión. El 11 -S sirvió para mostrar al mundo que la amenaza terrorista es una amenaza global, de la que nadie está a salvo.
Sirvió igualmente para que CIA, FBI y sus homólogas de otros países recondujesen su estrategia en la lucha contra el crimen. Desde el edificio Hoover, por un lado, y desde Langley, por otro -sedes de ambas instituciones- se entonó un mea culpa demasiado tardío: estaban acostumbrados a luchas contra organizaciones mafiosas y cárteles de narcotraficantes, pero no contra algo como Al -Qaeda. Se emprendió entonces una cruzada –palabra quizá desenfocada y que no a todos gusta- contra los tentáculos del terrorismo islamista; cruzada que aún se libra hoy en día. Afganistán es la vanguardia de una guerra cuyo campo de batalla puede situarse en cualquier parte del globo; tal fue la principal consecuencia de los atentados de Nueva York, Madrid o Londres.
Tragedias así hacen que el ser humano saque lo mejor de sí mismo; y siempre puede extraerse algo bueno donde no parece haber sino dolor y destrucción. En este caso, algunos entendieron que la lucha contra el terrorismo internacional era tanto como luchar por la libertad global -caso de Afganistán-.Gracias a esa inquebrantable decisión de luchar contra un enemigo común, grupos terroristas de medio mundo -ETA, FARC- saben que ahora son más vulnerables. Y saben igualmente que, por mucho daño que hagan, al final perderán. Son sólo unos pocos que padecen un déficit de moral, de apoyo democrático y de fuerza militar, frente a la inmensa mayoría de personas de bien que quieren vivir en paz y en libertad.
TEMAS RELACIONADOS: