Opinión

Exposición antológica de la pintura moderna mexicana en Tokio

Hidehito Higashitani | Lunes 14 de septiembre de 2009
En los pasados meses de julio y agosto estuvo abierta al público en el Museo de arte de Setagaya de Tokio la exposición de la pintura mexicana del siglo XX titulada “Camino a la modernidad: Maestros de la pintura mexicana” con unas setenta obras de los artistas mexicanos más representativos de la época: Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo y demás pintores de interés junto con dos pintores de origen japonés Tamiji Kitagawa y Kishio Murata que habían desplegado sus actividades artísticas hacia mediados del siglo XX en México.

Aparte del interés que suscitaban las obras de los pintores bien conocidos como el “Autorretrato” (1948) de Frida Kahlo y las de los grandes maestros ya casi consagrados como Orozco, Rivera, Siqueiros y Tamayo, el público japonés parece haber podido comprobar, a raíz de esta exposición, la presencia también de unos ‘nuevos’ valores que habían estado poco conocidos y que ahora han tenido suficiente fuerza como para dejar una fuerte sensación de novedad en ellos.

“El orador pueblerino” (1928) de Gabriel Fernández Ledesma, que representa con maestría y con algo de ironía y comicidad la figura atildada de un político pueblerino con su bigote, con la que el pintor capta magistralmente el tipo y el ambiente típico de la sociedad de los años veinte de la sociedad mexicana. El cuadro está lleno de fuerza expresiva y puede ser perfectamente un antecedente de la figura del bien apuesto cómico con su chaqueta a cuadros que aparece muchos años más tarde en la famosa pieza del arte moderno norteamericano de “Pee-Wee Herman” de Debra White.

Habría sido más interesante para el público japonés poder contemplar junto con este cuadro las obras del mismo autor como “El ebanista” (1925) y “Retrato de un obrero tallista”(1926) que representan maravillosamente unas fuguras muy típicas de la sociedad mexicana de aquella época con un colorido y expresividad fuera de serie.

Por otra parte, en “La cosecha” (1909) de Saturnino Herrán, se representan, por un lado, con unos toques llenos de dinamismo a lo Gauguin unas figuras de macizos labradores en pleno trabajo bajo el fuerte resplendor del sol mexicano, mientras, en la sombra, la de una madre con su niño en sus brazos.

Según los expertos, el arte mexicano ha estado íntimamente ligado con las transformaciones sociales que experimentó el país desde comienzos del siglo pasado. De hecho, las obras expuestas en la exposición estaban catalogadas cronológicamente por los organizadores en tres etapas distintas: la de ‘introdución de culturas diferentes’, la de ‘propagación de nueva cultura hacia el exterior’ y la del ‘progreso’.

El concepto fundamental de la exposición ha sido presentar al público japonés este preceso de identificación política y social de los mexicanos realizada junto con la modernización de la sociedad mexicana y la búsqueda de su modo más apropiado de expresión artística. Y parece que se ha cumplido ese objetivo con acieto y eso es precisamente lo que ha podido suscitar esta vez el interés del público japonés.

La exposición forma parte de un amplio programa de múltiples eventos con carácter cultural, político y económico que se vienen desarrollando a lo largo de este año con el apoyo oficial conjunto de los gobiernos de Japón y de México con el título general del “400 Aniversario México-Japón”. Todo empezó cuando en 1609 el galeón español San Francisco que se dirigía de las islas filipinas a Acapulco, naufragó en las costas de Japón y unos 300 supervivientes lograron alcanzar tierra en un puerto de pescadores de la antigua provincia de Kazusa, actual municipio de Onjuku de la provincia de Chiba. Rodrigo de Vivero, ex gobernador interino de Filipinas, que se encontraba entre los supuervivientes del barco naufragado, consiguió entrevistarse con Tokugawa Ieyasu, gran patriarca del clan Tokugawa y autoridad máxima del país de aquel momento histórico, y aprovechó la ocasión para ofrecerse como intermediario para establecer una nueva amistad hispano-japonesa.

Desde entonces han pasado cuatrocientos años largos y ahora los dos países conmemoran sus primeros contactos mutuos de 1609 con el deseo de fomentar la buena amistad y la mutua comprensión entre ambos países.

Para el próximo día 26 de septiembre de 2009 se prevé un acto oficial conmemorativo de este acontecimiento en la misma ciudad de Onjuku con la presencia del Príncipe Heredero Hironomiya, presidente honorario del comité organizador del programa por parte de Japón, y la del Presidente mexicano Felipe Calderón como presidente de honor del mismo programa por parte de México.

TEMAS RELACIONADOS: