Opinión

La lección psicológica de la selección de baloncesto

Mariana Urquijo Reguera | Martes 15 de septiembre de 2009
En estos días, nuestros chicos del balón de oro, los jugadores de baloncesto, se juegan una medalla en Polonia, pero un factor inesperado ha entrenado en el campeonato de Europa: el factor psicológico.

Los chicos parecían almas en pena de partido en partido. Ni una juvenil sonrisa, nada del desparpajo de los jóvenes campeones que nos han dado horas de gloria y lecciones de alegría y buen saber ganar. Y mientras tanto, el que podía, arremetía con saña augurando el principio del final de los campeones.

Y es que, nadie se ha planteado el factor psicológico. Y es que, todavía hay gente que cree que el deporte de élite es cuestión de musculitos. Como una consecuencia más de un mundo neopositivista y materialista, a nadie le importa lo que sienta un deportista. A nadie le inquieta si está triste o no, sino y sólo si, repercute negativamente en el juego. Entonces, dejará de ser un héroe hermoso como lo fuera el Discóbolo de piedra, para ser de carne y hueso. Y eso, cuando se es un héroe del deporte y la pantalla, es pecado.

¡Cómo puede influirles nada! Si no tienen las piernas rotas ni les da un infarto, de ellos se espera sólo que triunfen y que sonrían como esculturas esculpidas. Y del resto, que el que no pueda que se retire al arcén y deje paso a los del chismorreo sabelotodos.

Pero a estos chicos, a esta generación de deportistas que llenan las cuotas de pantallas con anuncios multimillonarios, que no paran de ganar ni de sonreír, no se les permite que sufran, que sientan, que no se sientan bien y menos que todo, que estén pesarosos, tristes, como que no se sienten encajados en sus propios cuerpazos de anuncio.

Y si, para ganar, señores, además de musculitos hace falta inteligencia y ese toque mágico: aquel factor que siempre se olvida (se olvida la sanidad, se olvida uno mismo de ello…porque nadie quiere verlo y menos que nada, enfrentarlo cuando está enfermo), el factor psicológico.

Los chicos andaban decaídos, desalmados y descorporeizados, cuerpos por un lado, almas en pena por otra. Y nadie les ha dado una tregua. Los comentarios han sido feroces hasta que han vuelto a la gesta del carácter y de la sonrisa, cuando sus almas han reencontrado a sus cuerpos y vueltos a ser en su unidad, además, han conseguido trabajar en equipo.

Y ahora se da por supuesto, como cuando Nadal volvió al principio de esta temporada, tan rayo como siempre, tan espontáneo y alegre que un día tuvo que decir, que no había victoria sencilla y que cada una era siempre la primera, como los grandes amores. Porque los medios de comunicación daban por hecho que ganaría. ¿Y qué hay de un ganador cuando deja de ganar? El olvido, el olvido y el olvido, junto con la desilusión de la masa que solo sabe sumar uno más uno, y que jamás se pregunta por el factor psicológico de cada contienda. De una y cada una, con cada uno de sus minutos y sus infinitos momentos interminables cuando se juega el todo o la nada.

¡Y es que este factor psicológico es la pera! Es el verdadero artífice de las gestas y cantares, de las hazañas y de los mitos, porque el que se desprende de su alma es un alma en pena o un cuerpo desalmado (que no se qué es peor), pero cuando todos los factores se unen, los chicos siguen siendo héroes, por haberse encontrado, perdido y haberse vuelto a encontrar.

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