oda al mal gusto
Lunes 25 de febrero de 2008
Cuando uno piensa en la gala de los Oscar se le vienen a la mente la alfombra roja, los focos, lo más guapos y guapas del planeta desfilando sobre ella embutidos en los modelos más innovadores (y caros) de los diseñadores de moda... Lo más de los más, se supone. Pero en esta LXXX edición el buen gusto ha brillado por su ausencia, excepto en contadas excepciones. Así, ha sorprendido el abuso de los vestidos con escote "palabra de honor", muy poco favorecedor incluso para las que lucen un talle escultural. A destacar el de la novia de George Clooney, Sarah Larson, con un estampado rosa y azul que recordaba a la funda de un colchón de Pikolín; el de Jennifer Garner, que se equivocó en la talla y se desbordaba por la proa; y el de Cameron Díaz, en rosa pastel, que tampoco le favorecía aunque, en su caso, lo que más le fallaba era el pelo: debería haberse retocado las mechas y... por favor, querida, ¡péinate! Salió a entregar un premio como si se acabara de levantar y se hubiera recogido el pelo en una coleta... Y los primeros planos enseñaron a los millones de telespectadores que pasamos la noche en vela unos poros exageradamente abiertos en las mejillas. La excepción, y no por favoritismo: nuestra "Pe". También lucía un espectacular "palabra de honor" negro con el escote ribeteado de plumas que, lejos de asemejarse al corte de un vulgar biquini, insinuaba sus femeninas formas sin enseñar más de lo necesario.
Aunque no todo ha sido vulgaridad... Heidi Klum lucía un espectacular vestido rojo con un escote de auténtica ingeniería; Callista Flockhart debería llevarse el premio a la sencillez por su modelo vaporoso de corte romano en tonos grises; a Cate Blanchet le sientan de maravilla tanto el embarazo como el vestido en raso azul marino con adornos en plata, guapísima; Katherine Heigl estaba arrebatadora con un vestido también rojo con un solo tirante; y Hillary Swan deslumbró con un diseño original en negro, con mucho estilo y que le sentaba de maravilla.
Unas cuantas maldades más: Renee Zellweger debería replantearse su plan de entrenamiento... Si sigue así, el año que viene le ofrecerán papeles de marine. John Travolta sufre una regresión más que evidente a su juventud en la parte superior de la cabeza, donde el pelo va ganando terreno, año tras año, a las entradas que lució tiempo atrás. Es lo malo que tiene ser famoso, te hacen muchas fotos... ¡¡¡y se archivan!!!. Pero lo peor fueron las canciones que compitieron por llevarse el Oscar a la mejor canción original y, sobre todo, su puesta en escena. Que los americanos tienen fama de extravagantes, cursis e incluso, horteras, no es nada nuevo, pero esas coreografías estilo años 80, ñoñas e insulsas con melodías simples y pegadizas desentonaron en esta mítica gala. Hay que afinarles el oído a los estadounidenses y animarles a explorar nuevos estilos y ritmos (que llevan décadas inventados). ¡¡¡Renovarse o morir!!!
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