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Portugal vota tras una campaña que ha mirado a España

el nacionalismo del partido socialdemócrata favorece a los socialistas

Viernes 25 de septiembre de 2009
España ha protagonizado buena parte de la confrontación política en la campaña electoral a las elecciones legislativas que se celebran en Portugal este domingo. La candidata socialdemócrata, Manuela Ferreira, ha centrado parte de su estrategia en el discurso nacionalista y en las críticas al proyecto del tren de alta velocidad que conectará a los dos países. ¿Le habrá salido bien la jugada? Por Blanca de Ugarte


Según los últimos sondeos, los socialistas vencerían este domingo con un 40 por ciento de los votos. La ventaja de José Sócrates con respecto a su rival, la socialdemócrata Manuel Ferreira, ha ido incrementándose en las últimas semanas hasta situarse en los ocho puntos.
Precisamente, en estas semanas, los socialdemócratas portugueses han sido protagonistas de la actualidad informativa la polémica desatada a raíz del supuesto espionaje al presidente Aníbal Cavaco por parte de un estrecho colaborador que finalmente ha sido destituido. Un escándalo en Portugal que ha afectado de forma negativa a la candidata.

“No queremos ser una provincia de España”
Sus críticas al proyecto del AVE para conectar Lisboa con Madrid y Oporto con Vigo en 2013 podrían también haber enfatizado esta caída de la estimación de voto a un partido que, tres meses antes, ganó los comicios europeos.

En el transcurso de un careo electoral con su opositor, Ferreira pronunció las polémicas palabras: “Portugal no es una provincia de España. No me gustan los españoles mezclados con los portugueses”.

De esta manera la candidata del PSD optaba por la estrategia nacionalista y el recurso del miedo a España. “Se trata de una estrategia sorprendente”, considera el director del Área Internacional de la Fundación para el Análisis y Estudios Sociales (FAES), Alberto Carnero.

De esta manera, Ferreira pretendía despertar el histórico recelo a España, un sentimiento que data del siglo XVII. Su intención era mostrarse como la defensora de lo portugués frente a un vecino más grande que quiere controlar el país.

Sin embargo, opina Carnero, este discurso nacionalista le permitiría ganar tan sólo “un voto marginal” aunque, afirma el analista, “esta política avezada no utilizaría este recurso si no fuera a reportarle nada”.

Otro experto en Portugal, el profesor de Historia contemporánea de la Universidad Rovira y Virgili Josep Sánchez Cervelló, considera que esta estrategia pretende lograr el sufragio de un sector transversal de la sociedad que abarca desde la izquierda a la derecha.

De la mano
Los dos coinciden con que se trata de un recurso electoral más pero que, en ningún caso, sus amenazas se harían efectivas. Y es que la realidad de las relaciones entre España y Portugal es otra.

Desde su ingreso en la Comunidad Económica Europea, la colaboración entre los dos países ha dado un saldo espectacular y ha permitido resolver los encontronazos propios de toda relación de vecindad. Es el caso, por ejemplo del conflicto de las aguas del Tajo, ahora no sólo resuelto sino gestionado de forma conjunta.

Juntos, los dos países consiguen aprovechar mejor los fondos europeos para impulsar sus economías. Juntos, España y Portugal defienden con más fuerza sus intereses atlánticos. Y juntos poseen una responsabilidad compartida con Iberoamérica.

Siameses
El historiador Sánchez Cervelló recorda a EL IMPARCIAL las palabras de Franco: “Portugal y España son como hermanos siameses. Han de vivir unidos; la soberanía de cada uno de los dos pueblos corresponde a la autonomía psicológica de cada uno de los dos. Pero tienen que vivir en mutuo entendimiento por decisión de la propia naturaleza. Si uno de los dos muriera, no podría el otro llevar un muerto a la espalda”.

Lo cierto es que España necesita a Portugal y Portugal a España. Por una parte, España es el principal proveedor de Portugal. Y, por otra, el primer país inversor. El 50% del capital extranjero es español.

En contrapartida, España ve equilibrada su Balanza de pagos porque “el superávit comercial con Portugal enjuga el déficit con Alemania y Francia”, explica Carnero. “Lo que compramos a Alemania y a Francia se compensa con lo que nos compra Portugal”, enfatiza. Además, es por Portugal donde comienza la internacionalización de muchas empresas españolas.
En definitiva, lo que es bueno para Portugal es bueno para España.

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