Opinión

Lo que Irán esconde

Sábado 26 de septiembre de 2009
El anuncio hecho por presidentes de EEUU, Barack Obama; Francia, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro británico, Gordon Brown, sobre la existencia de una planta nuclear secreta en las inmediaciones de Teherán es sumamente inquietante. Más aún si se tiene en cuenta quién manda en Irán actualmente y cuáles son sus intenciones. Mahmud Ahmadineyad ha manifestado en múltiples ocasiones su anhelo por la destrucción de Israel, hacia quien parece sentir una especial inquina. Tampoco le profesa mucha simpatía a Occidente, y no pierde ocasión alguna en lanzar alguna invectiva con el fin de tensar al máximo unas relaciones ya de por sí difíciles.

Irán es problemático por sus amigos, sobre todo China. Sería muy raro que Beijing firmase una resolución de condena contra el régimen iraní. Casi igual de complicado que Rusia, aunque la posición de Moscú es algo más asequible de modificar, toda vez que los rusos están mucho más en el mundo que los chinos, enrocados en sí mismos desde siempre. Irán es también problemático por lo que tiene: petróleo y energía nuclear. Bien es verdad que siempre podrá aferrarse a que utiliza el uranio enriquecido con fines meramente energéticos, pero a día de hoy nadie se cree tal cosa. Es un hecho que Irán emprendió desde hace tiempo la carrera nuclear con intenciones claramente agresoras, por más que intente camuflarlo bajo el manto de un programa energético.

Pero además, Irán es problemático por su actitud. Ahmadineyad preside un fraudulento gobierno -amañó las últimas elecciones en su país para seguir detentando el poder- marcadamente hostil con Israel y Occidente. Lo peor es que esa hostilidad, a juicio de todos los analistas internacionales, es una amenaza que conviene tener en cuenta. Teherán está haciendo todo lo que está en su mano por tener armas nucleares en el menor espacio de tiempo posible, con una inequívoca intención de utilizarlas. Y no basta con que Rusia o China le frenen. Hace falta también que un importante sector de la opinión pública arrime el hombro. Es ese sector falsamente progresista que, viendo que el régimen iraní es enemigo de Estados Unidos, parece rebajar el tono de la crítica ante la simpatía que le produce ver cómo se ataca al enemigo americano. Y ya está bien.

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