Mariana Urquijo Reguera | Sábado 26 de septiembre de 2009
Dos acontecimientos esta semana me han dejado estupefacta. Cuando el deporte español llega una vez más a la cima y nos regala una medalla de oro en los europeos de baloncesto, una se apresta al día siguiente a leer la prensa, los comentarios y como no, las fotos. Y cuál es mi sorpresa, que en vez de informarme sobre la victoria de la selección, constaté otro desastre: sólo mirando las portadas de los dos periódicos de mayor tirada nacional, me di cuenta de que esto es una debacle.
¿Cómo puede suceder que los dos periódicos de mayor tirada nacional, llevaran la misma foto, editada de la misma manera y por supuesto, firmada por la misma agencia de información como apertura de sus portadas? Las preguntas surgen al ver que los periódicos ya no pueden ni siquiera invertir en enviar un fotógrafo para que capte la alegría, el desenfreno y la emoción de la victoria, hace que estos medios pierdan su aura, su particularidad. Mientras tanto, las agencias deben estar trabajando como nunca, materializando el apogeo de una mediación, la de las agencias, que produce una creciente homogenización de las noticias y de la información.
Las diferencias entre unos medios y otros se reducen prácticamente a sus obsesiones políticas y económicas.
Entre tanto, el segundo suceso. Una de estas noches, bien avanzada la parrilla televisiva, en un famoso telediario de la cadena pública nacional, nos deleitan con un relato de la primera intervención de Obama en la ONU. Acontecimiento histórico donde los haya. El relato de la noticia comenzó así: “El desvirgue de Obama”. Tamaña vulgaridad, tamaña tontería sólo denota el bajo nivel periodístico, humano, literario y político de los redactores y los jefes que dan el visto bueno a este nivel lingüístico y cultural de expresiones.
La RAE nos dice que desvirgar es quitar la virginidad a una doncella. Poco ajustado y poco oportuno me parece comparar a la ONU con una doncella, pues estaría ya vieja y aunque le hubieran hecho muchas proposiciones de matrimonio, nadie habría conseguido penetrar en ella para dominarla. Si es que se entienden las relaciones sexuales héteros como dominación… Sería entonces Obama un héroe mitológico que viene a adentrarse en la prima donna para intentar por una vez que todos los resquicios de su alma múltiple se expresen y actúen en una misma dirección. Ya satisfecho el deseo y los impulsos tantos años reprimidos, una vez que fuera penetrada por el gran líder, se dejaría dócilmente ser llevada de la mano hacia donde él disponga.
Esta metáfora, no exenta de surrealismo y psicoanálisis, podría ser una interpretación que el telediario en cuestión nos hubiera regalado como una flor tirada sobre el escenario tras la representación. Pero me caben serias dudas de que fuera tan complejo el comentario. Aunque la metáfora del gran líder salvador y penetrador no está exenta de realidad, y apunta a la satisfacción de una de las grandes demandas del siglo XX y del XXI: la necesidad de un líder mundial del pacifismo y el diálogo.
Aún así, esta idea podría haber sido expresada con mucha más elegancia y finura, sutileza y profundidad. No cabe esperar esto de los medios de comunicación. Menos aún en el tiempo de la debacle y del sálvese quien pueda.
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