Opinión

La cumbre de Pittsburgh

David Felipe Arranz | Sábado 26 de septiembre de 2009
Los países reunidos el 27 de septiembre en la III Cumbre del G-20, en Pittsburgh, han decidido que uno de los puntos que se han de analizar es el de la limitación de los salarios de los directivos: la Unión Europea lo tiene claro, mano dura con los megasueldos, mientras que Estados Unidos quiere delegar en el consejo de administración de bancos y empresas los salarios retributivos de sus directivos (es decir, dejar las cosas como están).

Los amos del dinero han vuelto a las andadas con el leve repunte de la economía norteamericana: les ha faltado tiempo para seguir exprimiendo la asfixiada bolsa mundial. A finales de 2008, en plena crisis, se contaban en España más de 3.000 Sicav, sociedades de inversión en las que localizan sus ahorros las grandes fortunas y, al parecer, los testaferros: el Gobierno estudia en estos momentos subirles los impuestos al estilo francés. Vamos a ver qué pasa.

No sé qué les parecerá a ustedes, pero empiezo a padecer un considerable hartazgo de los hombres de gris, entendiendo como tales a todos aquellos burócratas y corporativistas de cualquier entidad administrativa y empresarial. El polvo de oro corporativo es, a la larga, compensatorio, se mire por donde se mire, oiga: hagan cola. Me pregunto si en sus vidas personales serán tan aburridos como lo muestran en su inane quehacer laboral. Ajenos a toda virtud moral e intelectual, los hombres de gris ejecutan, de acuerdo a un plan preestablecido, y no se cuestionan las ordenanzas del líder. Las filas de nuestra clase política son grises, tanto como la clase empresarial, con la que tantas veces confluyen en extrañas combinaciones conyugales. Son además zafias, porque el ejecutivo y el hombre político han tenido que ejercer antes de bufón del poderoso: el gracioso no es quien ríe las ocurrencias ajenas, sino quien las provoca a través de su ingenio y, de eso, a todas luces que están más bien escasos los señores de gris. A veces se esfuerzan por malcontar un chiste. Ahora parece que al grito de todos a la cárcel, como reza el título del divertido filme de Luis García Berlanga, la Justicia los busca hasta dentro de las alcantarillas.

La conservación a ultranza del poder a perpetuidad es una obsesión en los hombres de los trajes grises. No estaría de más recordar a nuestra oligarquía ejecutiva que la rueda de la Fortuna gira de forma inevitable y que quienes hoy se hallan en la cumbre, mañana pueden encontrarse en lo más bajo. Les recomiendo la lectura de La consolación de la filosofía (524) de Boecio, quien la escribió en la cárcel de Pavía, a la espera de la muerte, tras haber caído en desgracia con el emperador Teodorico de la forma más inopinada. Ante la inminencia del encuentro con la muerte, a Boecio se le aparece la Filosofía en forma de mujer con la que mantiene un fecundo diálogo: le aconseja que ha de ser inmune a los efectos de la buena o la mala fortuna, que sea refractario al azar. “En realidad, la Fortuna conviene más a la humanidad cuando es adversa”. Boecio tenía, permítanme que se lo diga, más razón que un santo. Los ricos también lloran… sin sus bonus.

Hemos invertido el sistema propugnado por Boecio: maldad y recompensa constituyen la inevitable secuencia de causa y efecto en las acciones de la depravación especulativa de las elites del poder. Sin embargo, la Fortuna le dice a Boecio que no se equivoque, que los malos sólo prosperan en apariencia y que los virtuosos tienen la posibilidad de acceder al bien último, a la verdadera felicidad. Al renunciar a la razón, los depravados “se vuelven subhumanos y son dignos de piedad”. Tras llegar a estas conclusiones, Boecio fue torturado y apaleado hasta morir, pero nos legó antes uno de los libros más importantes del pensamiento de toda la historia. Me pregunto si nuestros consejeros áulicos y empresariales cayeran en desgracia del poderoso de turno y los enviara a prisión para ser ejecutados… qué ideas les brotarían de las meninges y cómo afrontarían su ejecución. Ahora banqueros y políticos pasan un tiempo en comisaría por tener los dedos de la mano demasiado largos y luego recuperan el botín.

En Taiwán se acaba de dictar cadena perpetua por corrupción contra su ex presidente, Chen Shui-bian y su mujer. Es lógico que en Europa y en Estados Unidos ni nos lo planteemos: quedarían en los tejados de las cúpulas del Poder, como suele decirse, cuatro gatos. No termino de ver a un Robin Hood hispánico cabalgando por algún Sherwood de pinos y encinas para quitarles la bolsa a los ricos y dársela a los pobres: el reequilibrio de la riqueza nunca ha sido lo nuestro. Más bien aventuro que Lázaro de Tormes y la Celestina se han puesto, en el siglo XXI, unas elegantes y engañosas galas grises. A buen seguro que ellos, que no hablan la lengua anglosajona sino la de germanía, no irían a Pittsburgh a “garlar” en inglés, sino a “pulir” unas cuantas faltriqueras… vestidos con el disimulo del gris marengo.