Pedro Medellín | Lunes 28 de septiembre de 2009
Este domingo se cumplen las consultas populares de los opositores Partido Liberal y Polo Democrático Alternativo. Diez aspirantes a la Presidencia de la República, ocho liberales y dos del Polo, medirán fuerzas para lograr su inscripción como candidato oficial de esos partidos a las próximas elecciones presidenciales de mayo de 2010.
Pero lo llamativo de la consulta no solamente es la escogencia de los candidatos. Lo verdaderamente relevante es la fuerza política y electoral que deben demostrar estos partidos el domingo en las urnas.
Es evidente que, ante la indefinición del Presidente Uribe para hacer pública su aspiración a una segunda reelección inmediata, la suerte de los candidatos de la oposición todavía no está definida. Cualquiera que sea electo candidato del liberalismo y del Polo Democrático, no tiene asegurada su permanencia en la carrera presidencial.
Me explico. Si el Presidente Uribe decide presentarse a una nueva reelección, es evidente que la oposición buscará unirse a un solo candidato y, por lo visto hasta ahora, ese candidato de unidad no hace parte de la lista de quienes se están sometiendo este domingo a la escogencia entre sus militantes. O por lo menos, ninguno de los candidatos que participa en las consultas de este domingo tiene la fuerza política o electoral para enfrentarse a Álvaro Uribe.
Ese hecho confirma que lo que realmente está en juego, es la fuerza política y electoral que puedan efectivamente demostrar los partidos de oposición este domingo.
Para el PDA, las elecciones van a mostrar que tanta fuerza territorial ha logrado ganar en los territorios distintos a Bogotá y Nariño que son las dos zonas que gobiernan. En estas zonas, la consulta servirá para evaluar realmente cual es la adhesión efectiva que han logrado mantener tanto el gobernador Navarro como el Alcalde Samuel Moreno, en su gestión gubernamental. El hecho es particularmente importante en Bogotá, en donde la consulta debería registrar un total no menor a los 350 mil votos que son los que demostró tener como propios de su militancia en las pasadas elecciones de alcalde y concejo.
Para el Partido Liberal, el panorama es distinto. La decisión del jefe Único de ese partido, César Gaviria Trujillo, de aprovechar la consulta para que los militantes elijan los directorios locales y departamentales, genera un escenario electoral muy potente. Además del esfuerzo de los candidatos a la presidencia muevan a sus electores en busca de apoyo, obliga la movilización de todos aquellos dirigentes que aspiran a ser parte de la dirección liberal en las regiones y municipios del país.
La apuesta política de Gaviria en la Consulta, no está tanto en la escogencia del candidato del liberalismo a las próximas elecciones, sino en la fuerza que pueda exhibir el Partido Liberal en las próximas presidenciales.
En esa perspectiva, la decisión de Gaviria ya produjo un resultado político: la suspensión de la consulta del Partido Conservador. Ante la posible votación, los conservadores no estaban dispuestos a recibir una paliza electoral del partido Liberal, como la que podrían recibir.
Los cálculos del conservatismo no están equivocados. Si se considera que, luego de los “traspasos políticos” forzados por la reforma política recientemente aprobada, el Partido Liberal quedó con 3000 concejales, lo que le permitiría esperar que el próximo domingo pueda obtener entre dos millones y medio y tres millones de votos. Y eso sin considerar la fuerza liberal de sus diputados en las asambleas departamentales y sus congresistas en Cámara y Senado.
Si los liberales logran mantenerse o sobrepasar ese umbral de 3 millones de votos, deben considerarse como un serio aspirante a la primera magistratura del Estado. Esos tres millones de votos serán una base muy fuerte para pelear la Presidencia. Aún si se tratara de una elección presidencial en la que concurriera Uribe. En esa circunstancia el aporte del liberalismo al candidato de unidad de la oposición, como apuesta de partida, será muy importante para movilizar una votación que, sin duda, nos pondrá frente a las elecciones más reñidas de las últimas décadas.
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