José Antonio Sentís | Martes 29 de septiembre de 2009
Es posible que en el PP haya habido en los últimos tiempos más corruptos que en el PSOE. También es posible lo contrario. O incluso es posible, hasta estadísticamente probable, que haya un número similar en ambos partidos, puesto que la cercanía a la corrupción no es una opción sólo individual, sino producto de un sistema (de representación política y de control sobre la gestión pública) que la permite y la fomenta.
Pero, ahora, los focos están en el PP. Porque informes policiales que emergen como las setas del otoño por la geografía patria denuncian al partido de la Oposición por tierra, mar y aire. Esto es, desde Madrid hasta Valencia y Galicia. Y desde la actualidad de Rajoy a las pasadas épocas de Aznar.
Lo primero que hay que decir es que en España hay una muy competente Policía. Cuando se pone, se pone. Y no sólo es buena investigando, sino que también cuenta con una notable presencia pública y un consistente marketing sobre su misión, de tal forma que cuando un juez no termina de estimar sus investigaciones, alguna mano amiga consigue filtrar los informes a la Prensa para que la opinión pública corrija la desidia judicial.
La Policía ha puesto sus ojos sobre el PP. Sobre el comportamiento de sus individuos y sobre el funcionamiento financiero del partido. Y ha descubierto sólidos indicios de corrupción, como los jueces están ratificando (este mismo martes, sin ir más lejos, con la imputación al ex tesorero Bárcenas y a otros setenta de sus conmilitones).
Pero nuestra Policía sostiene que estas imputaciones personales no son lo fundamental. Que hay algo más: financiación ilegal del Partido Popular. Y a por ello van, especialmente, aunque no sólo, en la Comunidad Valenciana. El PP, por tanto, tiene un problema. Lo tiene Camps, lo tiene Costa, lo tiene Rajoy y pueden tenerlo bastantes más y bastante peor. Y tienen un problema colectivo, y lo pueden tener también interno, porque los reproches intestinos empiezan a silbar como balas en las orejas de la dirigencia popular.
A nuestra excelente Policía, que difícilmente suelta el hueso que debe morder, la dirige uno de nuestros mejores políticos, en el sentido puro de la palabra político (no funcionario de la política, sino artista de ella): Alfredo Pérez Rubalcaba.
Rubalcaba, a quien nunca rechacé mi admiración, estaba en el PSOE de González cuando fue públicamente laminado por la corrupción interna. Es posible que no lo haya olvidado, y también es posible que sepa que destapar las alfombras de un partido puede descuartizarlo, ya que todos viven en el límite de la legalidad cuando no la sobrepasan, sea por los montajes financieros para sobrevivir, como por las prácticas clientelares con los amiguetes que se lucran del poder.
Rubalcaba hubiera podido alentar el empeño de la Policía, que tan hábilmente dirige, en perseguir el clientelismo o el tráfico de influencias (y el flujo de dinero privado y público que conllevan) en regiones gobernadas por socialistas. Pero en uso de un criterio objetivo, ha decidido que lo grave está en las filas de la Oposición.
Rubalcaba, por tanto, está dispuesto a limpiar España. Ha empezado por una parte, las corruptelas o corrupciones presuntas o fehacientes en el PP. Si le dejan tiempo, aunque no lo parece, pues ha anunciado que se retirará al final de la Legislatura, sin duda continuaría con el PSOE. Y, también sin duda, la Policía que tan eficazmente está investigando a la Oposición, investigaría a las huestes del Gobierno, cayera quien cayera.
Son malpensados, por tanto, quienes creen (hasta yo mismo, en un momento de debilidad lo pensé) que a cuenta de los trapos sucios del PP, homologables como se ha demostrado en Comunidades y Municipios por toda España a los de todos los partidos, se estaba llevando a cabo una operación política de laminación de las esperanzas de Rajoy. Tanto esta operación de limpieza democrática, como el anterior intento socialista de tirar al PP del sistema (pacto del Tinell, estrategia de memoria guerracivilista, etcétera) han sido, seguramente, sólo casualidades. Realmente, lo que está sucediendo es que Rubalcaba, y por extensión Zapatero, Blanco, Leire Pajín, y demás, están comenzando una operación de limpieza de nuestra democracia.
Es cierto que al PP le ha tocado la primera oleada de reeducación. Pero que no se preocupen en la calle Génova. Nuestra Policía está realizando escuchas, recabando pruebas, investigando cuentas y contratos, revisando amistades y negocios, subvenciones y concursos, por España entera para que no quede ni un corrupto, desde Andalucía a Cataluña. Porque Rubalcaba no va a perder la oportunidad de irse de la política sin dejar una herencia regeneradora, digo yo.
Pero, en el caso de que a Rubalcaba no le dé tiempo de limpiar toda la corrupción, incluso la que pueda tener hipotéticamente el PSOE, estoy seguro de que su ejemplo será seguido. Y que, en caso de que alguna vez gane el PP las elecciones (con los miembros que no haya metido en la cárcel la Policía de Rubalcaba), el partido ahora en la Oposición inventará a un nuevo Rubalcaba. Una persona que, con los mecanismos de la excelente Policía del Estado, con el apoyo de su neutral Fiscalía, y con la iniciativa de algunos jueces afines, pueda investigar a fondo en las telarañas de la política. Y es posible que elija como materia de investigación al PSOE.
Estamos dando pasos positivos para limpiar España. Por eso es tan necesaria la alternancia: para que el Gobierno del PSOE lleve a prisión a los corruptos del PP, y para que un Gobierno del PP lo haga con los del PSOE.
Postdata impositiva
Recibimos cuatrocientos euros para reactivar la economía, y los perdemos (con otros seiscientos más) para lo mismo. De izquierdas es bajar los impuestos y subirlos. La subida de los impuestos indirectos es social, como todo el mundo sabe, pues quienes consumen más pagarán más que quienes no pueden consumir casi nada, aunque sufran el mismo IVA. Drenar dinero de la sociedad creará empleo, es un decir. Estigmatizar a los empresarios animará el mercado, parece. Penalizar el ahorro es una excelente idea, en una economía globalizada, para sostener la inversión, porque ningún capital huirá, por solidaridad con el parado español.
En fin, no dan una, pero además lo cuentan con total desparpajo, sin vergüenza alguna. Es admirable.
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