Alejandra Ruiz-Hermosilla | Jueves 01 de octubre de 2009
Michelle Obama ha declarado la guerra. Copenhague es el campo de batalla. Se enfrentan las dos estrellas políticas que protagonizarán una “conjunción planetaria” el próximo año, tal y como ha vaticinado la astróloga de cabecera del PSOE, Leire Pajín. A la izquierda, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en pro de la candidatura de Chicago para albergar los Juegos Olímpicos de 2016. Más a la izquierda, el presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, en defensa de la candidatura de Madrid.
Pero que este enfrentamiento no desate el pánico entre los valientes madrileños que quieren albergar unos Juegos Olímpicos y que han demostrado no temer al incremento de impuestos, de precios y de obras -quizá también de empleo y riqueza- que nos espera de resultar vencedores. El Rey también está en Copenhague y defiende la misma causa que Zapatero. Sólo él, con el apoyo impagable de la Reina, puede salvar a Zapatero de una derrota frente a Obama que poco o nada tendría que ver con la calidad de los proyectos presentados sino con la capacidad de las delegaciones para convencer, uno a uno, a los integrantes del Comité Olímpico Internacional (COI).
Y por eso deben celebrar quienes quieran los Juegos en Madrid la presencia de los Reyes en Copenhague, porque su prestigio internacional, su experiencia en la representación de España, su curtida diplomacia y su buen hacer son las herramientas que pueden convertir, en estas últimas horas, una buena candidatura en una candidatura ganadora a pesar del “efecto Obama”.
Ya el alcalde de Madrid, que quiere los Juegos más que nadie en el mundo, ha hecho este miércoles en Copenhague alarde de un optimismo antropológico más propio del presidente del Gobierno que de Ruiz-Gallardón. Quien se juega el bastón de mando con la candidatura de Madrid para los Juegos Olímpicos de 2016 ha mostrado su convencimiento acerca de la victoria del proyecto español. Y no parece que su optimismo radique en la confianza que le tiene a la intervención de Zapatero ante los miembros del COI.
En los foros internacionales, Zapatero es de los que se pregunta por qué todos circulan en sentido contrario. Y no es que quieran alejarse de él porque ya haya apoyado y hasta dado por vencedores a varios candidatos que acabaron derrotados. Es que las reuniones multinacionales no funcionan como los comités federales del PSOE, en los que él habla y los demás -salvo contadísimas excepciones- aplauden. En las cumbres se aplaude a los líderes, a los hombres de Estado y no a los promotores de peligrosas invenciones como la Alianza de Civilizaciones.
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