Jueves 01 de octubre de 2009
La sesión de control al Gobierno celebrada ayer en el Parlamento tuvo como denominador común el tono crítico de toda la Cámara con el proyecto presupuestario presentado en día anterior. Es de suponer que entre el borrador inicial y los Presupuestos Generales del Estado definitivos habrá más de una modificación; tal y como están las cosas, seguro que ninguna buena. De momento, las diferencias de criterio entre el Ejecutivo y la oposición son abismales, ya que para los primeros los Presupuestos son los mejores posibles y, para los segundos, todo lo contrario. Entra dentro de la dinámica parlamentaria que quien no gobierna ataque a quien sí lo hace, máxime con el tema del dinero público de por medio. Ocurre que, en esta ocasión, los elementos se han conjugado contra Zapatero mientras éste defendía lo indefendible en sede parlamentaria.
Porque no ha sido la oposición sino el secretario de Estado de Economía, Carlos Ocaña, quien ha revelado que, en lo que va de año, España ha gastado más del doble de lo que ha recaudado. Al mismo tiempo, la OCDE hacía públicos los datos de morosidad de la Eurozona, situando a España a la cabeza. Con arreglo a lo anterior, parecería lógico que en los Presupuestos de este año primase la austeridad y se arbitrasen fórmulas para invertir los recursos existentes en la creación de riqueza. Nada de eso. Más de la mitad de lo recaudado irá al limbo del “gasto social”, que bien merecería otra vuelta por parte de la oficina económica de Moncloa. Por contra, el dinero destinado a ese onerosísimo mecanismo despilfarrador que son las autonomías habrá de restarse a otros campos donde su utilidad es mucho mayor porque va a la inversión productiva, que se lo que crea puestos de trabajo.
Por no hablar de la investigación. El Presidente anunció a bombo y platillo que la inversión en I+D+I se incrementaría notablemente, cuando la realidad es que disminuirá en 9.128 millones de euros. Un Gobierno no puede engañar a la ciudadanía con tanta impunidad, por no hablar de llevar a la ruina a un país entero. Y a la desesperanza. Algo así ha debido de sentir uno de los científicos españoles más ilustres, Mariano Barbacid, quien ha tirado la toalla cansado de tanto recorte en lo que realmente importa. Cada vez son más las voces que demandan a Zapatero un cambio de rumbo urgente. Algunas, incluso, desde dentro de su propio partido. Quizá ahí precisamente esté la solución, con la puesta en común de un nutrido grupo de descontentos con peso en el socialismo que le digan al señor Zapatero que por ahí no se puede seguir. Sería una muestra de responsabilidad política. Y un servicio a su país.
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