Jueves 01 de octubre de 2009
La intención del gobierno de Benjamin Netanyahu de ofrecer a Hamas un canje de veinte delincuentes palestinas por “noticias” del soldado Guilad Shalit, secuestrado en 2006, es sólo un tenue rayo de esperanza, pero esperanza a fin de cuentas. El intercambio parece leonino, y realmente lo es. Que un estado democrático se tenga que rebajar a soltar a una veintena de convictas obteniendo como única contrapartida una cinta de vídeo en la que se demuestra que su soldado sigue con vida quita la razón a aquellos que acusan a Israel de inmovilismo. Bien es verdad que el ejecutivo de Netanyahu debería poner coto a la expansión de asentamientos ilegales, que quita a Tel Aviv buena parte de la razón que tiene y da alas a los terroristas de Hamas.
Conviene recordar que las mujeres que van a ser puestas en libertad fueron juzgadas y sentenciadas. Tuvieron un proceso con garantías y en prisión pueden comunicarse con el exterior y recibir la visita de sus familiares. Por contra, Guilad Shalit, un joven de 18 años que cumplía su servicio militar, lleva secuestrado desde 2006 por un grupo terrorista que lo retiene como botín y escudo humano. Desde entonces, no se han visto muchas manifestaciones en Europa en pro de su liberación. Tampoco se ha oído a gobierno alguno demandar a Hamas su liberación inmediata. Por todo ello, a la hora de valorar la situación de Oriente Medio resulta imprescindible tener en cuenta la realidad de lo que allí sucede, y no la propaganda antiisraelí azuzada desde ámbitos tan remotos como parte de la izquierda europea, Irán o Venezuela.
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