Opinión

Madrid, 2016: al final no pudo ser

Sábado 03 de octubre de 2009
Copenhague era ayer el centro del olimpismo mundial. Deportistas de élite, jefes de estado y demás personalidades se daban cita en la capital danesa para conocer el nombre de la ciudad que albergaría los Juegos Olímpicos de 2016, honor que recayó en Río de Janeiro. Con algunas infraestructuras aún sin completar, pero con una dosis de entusiasmo y apoyo avalada por la presencia del presidente Lula o del mismísimo Pelé entre otros, Río se alzó con una victoria justa. Así, la capital carioca se convertirá en el escaparte mundial el año que se celebren allí las olimpiadas, con la importancia que eso supone para un país emergente como Brasil.

Hay que felicitar a los integrantes de la candidatura de Madrid por el excelente trabajo realizado. Todos ellos, junto con los Reyes de España, José Luis Rodríguez Zapatero, Esperanza Aguirre y demás personalidades que se hallaban presentes en Copenhague dieron una imagen de unidad por un objetivo común tan encomiable como, por desgracia, poco habitual. Bien serviría a los españoles que tal espíritu de unión se plasmase igualmente en otros asuntos de vital importancia para el futuro del país. Ayer se vio que el entendimiento es posible. Ojalá no sea la última ocasión.

Y una vez superada la decepción, toca hacer balance. A nivel nacional, el Gobierno español debería darle una vuelta al asunto del dopaje, endureciendo al máximo las sanciones a unos tramposos que en otros lugares lo tienen más difícil. Por lo que respecta al alma mater de la candidatura, Alberto Ruiz Gallardón, es tiempo ahora de asumir responsabilidades y cumplir con los compromisos adquiridos. El alcalde de Madrid ligó su suerte política a la consecución de los Juegos Olímpicos para la capital. Habida cuenta del fracaso obtenido ayer -aquí no hay premio para el segundo-, resta por conocer si repetirá en las listas del PP al frente de la alcaldía o si, de acuerdo al compromiso adquirido públicamente, se irá al acabar su mandato. En política, como en la vida, hay que ser fiel a la palabra dada.

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