Mariana Urquijo Reguera | Sábado 03 de octubre de 2009
Como si de un eterno verano se tratara, el líder de la oposición parece que sigue prolongado sus vacaciones (y ya van muchos meses). Está moreno, sigue con sus camisas blancas y la americana informal. Se pasa los días de tertulia con los suyos, movilizando mítines (que ahora, después del escándalo de Orange Market, sabemos que baratos no son) en los que se lo pasa pipa. Pues en lo económico, el PP no tiene crisis porque hay grandes fortunas interesadas en el cambio de gobierno.
Se pasa las horas de viaje, sentado al sol escuchando a los suyos como si fuera una eterna tertulia donde no se dice gran cosa pero con por la mera presencia de los personajes, todo el mundo vitorea. Y esas son justamente las tertulias de verano. Un verano que la oposición no deja que termine porque si se tienen que poner a trabajar no saben en qué. No ha salido ni una sola propuesta concreta y cabal de las miles de declaraciones de sus diferentes cargos desde que la crisis es crisis.
De toda la verborrea del PP sólo sabemos que uno es muy amigo del otro y que el otro es amiguísimo de aquel, incluso hay casos en los que son “más que amigos”. Y todos nos alegramos por ellos, que en la vida la amistad es muy importante. Pero habría que recordarles que son un partido político en la oposición y que si Mariano Rajoy no quiere pasar a vivir en los lunes al sol, debería empezar a trabajar.
Los problemas de España son de todos, no sólo del gobierno; y partidarios y enemigos del partido de la oposición estamos todos deseando que aporten algo a la tremenda situación en la que se encuentra el tejido empresarial español y sus trabajadores.
Entre tanto el presidente del gobierno vive de cumbre en cumbre, de reunión en reunión, intentando movilizar la situación de estancamiento. Está pálido, siempre con los mismos trajes que nunca parecen hechos a medida. Y ahora, después de haber visto a sus hijas, podemos pensar que se trata de una estética familiar. O bien, podemos pensar que Zapatero es el personaje que en la oficina parece que trabaja más. Queda la duda de si trabaja o parece que trabaja. Antes de juzgarlo, deberemos esperar más que a los presupuestos para el año que viene, a la anunciada ley de sostenibilidad económica, donde se juega el gobierno a un todo o nada. O saca la carta premiada o se va al garete.
Yo sigo prefiriendo al trabajador pálido de las cumbres internacionales que al morenazo de la España profunda que se exhibe para no tener que hablar. Pero el tiempo aquí es el máximo justiciero, como dijera Anaximandro, y sólo él pondrá a cada uno en su sitio.
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