Opinión

El horizonte electoral de Mariano Rajoy

Lunes 05 de octubre de 2009
Las últimas encuestas conocidas este fin de semana daban al PP, por primera vez, una ventaja clara sobre el PSOE. Bien es verdad que las encuestas, encuestas son, pero no por ello dejan de tener su valor. Sobre todo para José Luis Rodríguez Zapatero, quien gobierna a golpe de sondeo y foto y que no debe estar muy satisfecho con los últimos datos. Los españoles pasan factura al Gobierno por la crisis y los Presupuestos, entre otras muchas cosas. El denominador común de las encuestas ha sido la poca confianza que el señor Zapatero despierta en la ciudadanía, cansada, desengañada, por fin, de montajes mediáticos, gestos y visajes, y abrumada ante la realidad de una situación económica que, lejos de remitir, parece ir a peor.


Con todo, mal haría el PP si empezase a paladear las mieles de unos sondeos que tampoco le dejan en buen lugar. Puede que la lectura que hagan desde la calle Génova sea optimista, como siempre, pero los populares deberían reparar en que el distanciamiento en intención de voto no se debe a sus méritos, sino más bien al cúmulo de deméritos de sus adversarios políticos. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero está afrontando una tremenda crisis económica de un modo calamitoso, a lo que hay que unir su errática política exterior y su ductilidad ante la voracidad nacionalista. Por primera vez empiezan a aflorar voces críticas en el seno del PSOE; voces, además, autorizadas y con un sólido prestigio intelectual. Y todo ello, como no podía ser de otra manera, ha redundado en la pérdida de confianza por parte de muchos que en su día les votaron.


El problema del PP es que, con la que está cayendo, debería ir a años luz del PSOE en los sondeos, y no es así. La respuesta hay que buscarla no sólo en la ilusión que a día de hoy los populares siguen sin despertar, sino el hecho cierto de que hoy el Partido Popular está muy lejos de ser una alternativa solvente. Ha de paliar la pasmosa inacción de su jefe de filas, que parece dejarse llevar por los acontecimientos en lugar de actuar y administrarlos. Precisamente eso, actuar, y con contundencia, es lo que debería haber hecho hace mucho en el caso “Gürtel”, cuya indefinición ante algo tan grave puede costarle muy cara. Y de paso, iría bien que los miembros del equipo de Rajoy (Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría o Esteban González Pons) recibieran un curso acelerado de liderazgo, ese que sí tienen en el partido figuras tan dispares como Alberto Ruiz Gallardón o Esperanza Aguirre. Para ganar unas elecciones no sólo hay que esperar las desgracias ajenas –que, a la postre, son las de todos- sino aportar ideas que ilusionen al electorado. Y eso, a día de hoy, aún no se produce.