Opinión

Siempre en Galicia

Antonio D. Olano | Viernes 09 de octubre de 2009

“Siempre en Galicia” es el título de los libros más conocidos de Castelao. Siempre en Galicia los nombres de los gallegos, y no gallegos, que hicieron mucho por una injustamente olvidada región española. Resulta insólito, y era cotidiano, que el anterior jefe del estado Francisco Franco, que realizó una incuestionable y magnifica labor de recuperación de una España empobrecida –carreteras, autopistas, pantanos, aeropuertos- aplazase las necesidades de su Galicia natal. Cada año él, su familia, sus ministros y colaboradores se trasladaban a la entonces La Coruña, para disfrutar y trabajar durante parte del verano. Sin embargo el viaje para ellos era tan penoso como para el resto de los conductores que trataban de llegar por carretera a la tierra que podía ofrecer a sus habitantes la emigración. Soy testigo de que en sus últimos años el general Franco hacia su viaje en avión por prescripción facultativa. Su salud no podría soportar ni un solo viaje por las horribles carreteras gallegas.

No se arreglaban ni casi se iniciaban las autopistas. Tal vez Franco respondía así a su conocida frialdad y no quería que se le criticase negativamente por favorecer a su tierra. O quizás daba tiempo al tiempo pensando “Deixa que xá” frase tan tradicionalmente gallega para obligarnos a esperar pacientemente. Mis lectores saben perfectamente que en cuestiones de política soy lo que de alguna manera se llama imparcial. Pero reconozco que el renacimiento gallego no comenzó hasta el largo mandato de Manuel Fraga Iribarner el que, junto con Tarradellas, me parece el mejor gobernante de la España contemporánea. Se lanzaron contra él toda clase de diatribas y se le sometió a felonías tales como culparle de que un petrolero extranjero naufragase en las costas gallegas y provocase una de las mayores catástrofes españolas. No se le culpó de la muerte de “Manolete” por verdadera casualidad.

Tras un desastroso paréntesis de gobernación de un inepto bipartito, el Partido Popular recobró el mando. Como timonel el político español con mayor proyección: Alberto Núñez Feijoo. A partir de su toma de posesión cambió el rumbo de una nave que los regionalismos colocaron en la cresta de una ola que sin duda alguna la hubiese hecho naufragar. En pocos meses, y como decía un fallido político español, a Galicia no la reconoce ni su padre. Y esto no es detrimento para sus orígenes filiales sino argumento de esta crónica.

Feijoo trajo desde Estados Unidos a un joven diplomático, sin duda el mejor exponente de las actuales generaciones españolas, para ocupar la Conserjería de Cultura y Turismo. Me refiero a Roberto Varela

Esos dos conceptos “exóticos” el cultural y el turístico, recobraron toda su tradición y fuerza. Galicia, con el Conselleiro Varela ha recuperado sus señas de identidad. Entre ellas no solo rescatando a los valores galaicos sino exaltando y colocando en su sitio a quienes hicieron mucho por Galicia y Galicia ha hecho todo por ellos.

Me refiero en primer lugar a Pablo Picasso. Intereses inconfesables quisieron y quieren ningunear a ese genio español que pasó su adolescencia en A Coruña y creó en nuestra tierra alrededor de quinientas obras. Entre ellas se encuentran las mejores obras no de adolescencia sino de un artista grande como lo era Pablo Picasso. Picasso hablaba en gallego y en catalán. El francés era su idioma de apoyo.

Los meses de febrero, marzo y abril Pablo Picasso y su obra vuelven A Coruña.

Federico García Lorca se enamora de Galicia y escribe “Seis poemas galegos”. Salvador Dalí intentaba peregrinar a Santiago Jhon Lenon y centenares de hippies. A él se debe un magnifico cuadro, retrato de Santiago Apóstol.

Vuelve el gallego a donde solía…….


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