Opinión

Quieren una iglesia muda

Rafael Ortega | Sábado 10 de octubre de 2009
El gobierno español quiere una Iglesia muda, que calle ante los últimos graves acontecimientos y disposiciones. Se quiere disimular la grave situación económica con la aprobación de leyes que atentan contra la dignidad de la persona, y que esta sociedad adormecida que nos ha construido el socialismo, no se entera. Además el anticlericalismo esta creciendo en los medios de comunicación. Unos medios que distorsionan los mensajes de la Iglesia. Este hecho no es único de España. El cardenal Angelo Bagnasco, arzobispo de Génova y Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, ha denunciado en París, durante la Asamblea Plenaria del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas, que “algunos querrían una Iglesia o alineada de manera supina con la opinión que se autoproclama prevaleciente y progresista o simplemente muda, pero la Iglesia no puede faltar a su propia misión, como es participar también del debate público en la formación de las orientaciones políticas y legislativas”. El arzobispo de Génova señaló también que el Papa y la Iglesia son presentados como “oscurantistas y enemigos de la racionalidad científica” con “representaciones parciales y fuera de lugar, que tienen el objetivo de colocarlos al margen, o mejor, expulsarlos del debate público”.

Es una situación muy grave, pues sería muy cómodo para los gobernantes conseguir que la Iglesia estuviera callada. Lo grave también es que periodistas que trabajan en medios católicos callen ante respuestas graves, como las de la Vicepresidenta del Gobierno Fernández de la Vega, durante una entrevista radiofónica.

El próximo viernes, 16 de octubre, se cumplen 31 años de la elección de Karol Wojtyla como Papa. Desde el inicio de su pontificado Juan Pablo Segundo nos dijo “no tengáis miedo”. Él daba constante ejemplo, como hizo el 25 de marzo de 1995 cuando publicó su Encíclica “Evanlelium vitae” en la que escribió: “ Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y —podría decirse— aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias”.

Más claro, agua. La Iglesia y, por tanto, los católicos de este país no podemos quedar mudos, por más que se empeñen desde Moncloa.¡Que más quisieran ellos!

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